Primero fue Venezuela, luego Cuba y ahora es Irán. Una vez más, el presidente Donald Trump lanza una embestida contra otro país bajo el argumento de “proteger” la seguridad de Estados Unidos. Se trata de una estrategia imperialista que busca preservar su supremacía mediante intervenciones militares.

El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel realizaron bombardeos contra Irán. Trump afirmó que se trataba de operaciones masivas y continuas, cuyo objetivo era neutralizar una amenaza nuclear inminente. Sin embargo, de acuerdo con la inteligencia militar estadounidense citada por CNN, dicha amenaza no ha sido confirmada. Pero, las bombas lanzadas al territorio iraní sí son hechos concretos.

Las primeras explosiones registradas en el centro de Teherán, extendidas a 24 de las 31 provincias de Irán, reportan más de 200 muertos y 700 heridos, según información de la “Media Luna” iraní.

El primer blanco del ataque conjunto entre Estados Unidos e Israel contra Irán fue una escuela primaria, donde murieron 85 niñas.

La palabra clave vuelve a ser la misma: “seguridad”. Una justificación lanzada por la administración trumpista y su aliado sionista. Una vez más, la doctrina del ataque preventivo para tomar control sobre territorios y recursos estratégicos.

No se trata de una guerra por la seguridad, ni mucho menos por la democracia. En realidad, Estados Unidos busca detener el avance de los países que suministran petróleo a China, a quien considera su verdadero rival y la mayor amenaza para mantener la hegemonía mundial.

Sin embargo, los planes de Donald Trump y sus asesores no resultaron como esperaban. Creían que el pueblo iraní apoyaría la agresión estadounidense contra su país, pero esto no ocurrió.

El pueblo persa, con una arraigada tradición de resistencia, demostró que no se dejaría vencer ante este ataque, en el que fue asesinado el ayatolá Alí Hoseiní Jameneí, líder supremo de Irán. Dicho ataque se llevó a cabo justo cuando las autoridades iraníes estaban en negociaciones con Estados Unidos y se hablaba de avances importantes.

La situación actual es diferente a lo ocurrido en 2025, cuando los estadounidenses atacaron directamente las instalaciones nucleares de Irán bajo el argumento de frenar su programa atómico. Ahora estamos frente a una declaración de guerra abierta contra la República Islámica de Irán, la cual ya respondió lanzando ataques contra bases militares ubicadas en diversas regiones de Medio Oriente, como Catar, Baréin, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos. Además, los misiles iraníes han impactado también a Jordania e Israel.

En esta ocasión, el propósito de Washington no es atacar directamente el programa nuclear, sino desmantelar al gobierno iraní para controlar las reservas de petróleo, obstaculizar el suministro hacia China y asegurar el dominio del estrecho de Ormuz, ruta por la que circula alrededor del 20 por ciento del comercio mundial del crudo.

El ataque a Irán no sólo sumerge a Oriente Medio en una nueva y peligrosa guerra, sino que también desencadena una serie de acontecimientos sin precedentes que podrían derivar en una crisis energética global, una inflación descontrolada y el colapso definitivo del orden internacional.

Posdoctorada por la Universidad de Yale

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