Carlos Antonio Contreras López

Voces silenciadas, pasos firmes: una historia de mujeres en el 8M

El 8M no es solo una fecha: es el llamado urgente a transformar una realidad que nos duele, pero que juntos, podemos y debemos cambiar

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, las calles se tiñen de violeta y de gritos que exigen justicia, equidad y visibilidad. En medio de ese mar de voces, la historia de Lucía se repite en innumerables hogares mexicanos: una mujer que, como tantas, equilibra los retos familiares, laborales y sociales en un país donde la desigualdad de género sigue marcando el rumbo de cada día.

Lucía amanece antes que el sol, prepara el desayuno y despierta a sus hijos. Mientras revisa uniformes y mochilas, recuerda la junta previa que tendrá en la oficina, consciente de que debe llegar puntual, aunque el tráfico y los pendientes de casa la desafíen cada mañana. Su pareja, aunque presente, suele dar por sentado que el cuidado del hogar es su responsabilidad. Aun así, Lucía sonríe, sabiendo que su trabajo invisible mantiene en pie a su familia.

En el trabajo, las cosas no son más sencillas. Lucía es jefa de departamento, pero aún batalla para que sus ideas sean escuchadas en reuniones dominadas por colegas hombres. Sabe que debe esforzarse el doble para demostrar su capacidad y, a veces, soporta comentarios que minimizan su autoridad. La brecha salarial le recuerda que, aunque ha avanzado, aún queda un largo camino. Sin embargo, se niega a dar un paso atrás.

Fuera del trabajo, Lucía lidia con juicios sociales que le exigen ser “buena madre”, “buena profesional” y “buena mujer”, sin margen para equivocarse. El ruido de opiniones externas la acompaña a donde vaya: que si trabaja mucho, que si debería estar más en casa, que si es “demasiado” o “muy poco”. Ella lo sabe: el escrutinio social también es una carga silenciosa, pero constante.

Hoy, mientras escucha el eco de los tambores y las consignas del 8M, Lucía se permite alzar la voz, no solo por ella, sino por todas aquellas cuyas historias quedan en el anonimato. Porque ser mujer en México es enfrentar retos cotidianos con valentía y dignidad, pero también es gritar basta. Basta de desigualdad, de violencias, de silencios impuestos.

La historia lleva el nombre de Lucía, pero podría ser Sandra, Gabriela, Cristina. El 8M no es solo una fecha: es el llamado urgente a transformar una realidad que nos duele, pero que juntos, podemos y debemos cambiar.

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