El mundial de futbol 2026 también tiene en la geopolítica y la desigualdad, otros dos elementos principales que no se pueden ocultar en transmisiones de televisión, discursos basados en la emotividad del deporte y la narrativa de Occidente. Además de los más de 90 partidos, las polémicas de arbitraje, la mercadotecnia que “infla” a jugadores de la selección mexicana y todos los videos que mezclan un cúmulo de alegrías, expectativas y nerviosismo; las batallas geopolíticas y las desigualdades socioculturales han sido visibles desde el comienzo de la competición realizada mayormente en Estados Unidos.
El técnico de la selección de Egipto, Hossam Hassan, y Lamine Yamal, futbolista de la selección de España, han mostrado la defensa de Palestina y la denuncia del genocidio que comete Israel en Gaza.
Las palabras y las acciones de Hassan son para aplaudir. En cierre del partido de octavos de final contra Argentina, hizo la seña de ser víctima de racismo. Pero la respuesta del árbitro fue castigarlo con tarjeta amarilla en vez de parar el juego e investigar la denuncia del técnico de la selección egipcia.
El hombre que ha mostrado la bandera de Palestina y señalado públicamente el genocidio en Gaza fue provocado desde la tribuna del estadio de Atlanta, cuando aficionados sacaron una bandera de Israel y la mostraron a pocos metros de la banca donde se encontraba.
La batalla geopolítica en Medio Oriente también tuvo otra muestra en el marco del mundial de futbol: el gobierno de Donald Trump y autoridades de Estados Unidos impidieron que futbolistas, cuerpo técnico e integrantes de la delegación de Irán, se hospedaran en territorio de su país, al grado que hubo hombres parte de la delegación iraní que no recibieron visas.
Ante el escenario que afrontó un equipo que por méritos propios se clasificó al mundial, tomaron la decisión de hospedarse en Tijuana, ciudad mexicana en la frontera con E.U. y desde donde se trasladaban a metrópolis estadounidenses para sus partidos de primera ronda contra Egipto, Bélgica y Nueva Zelanda.
La narrativa de “guerra” contra Irán y las provocaciones que ha realizado Donald Trump fueron trasladadas al balompié, gracias a las imposiciones y las decisiones fuera de sentido común y sin razón del presidente norteamericano.
Parte de la población de Tijuana se solidarizó con Irán y su selección. Hombres iraníes tenían incluso que regresar en vuelos de madrugada a Tijuana, para dormir o descansar unas horas previo a la preparación del siguiente juego.
En contraparte, la selección de Argentina, cuyo polémico presidente es aliado de Trump y defensor del sionismo e Israel, ha tenido facilidades a nivel de cancha y fuera del césped. Su partido contra Egipto fue una confrontación más allá del balompié; hay que visualizarlo también desde la geopolítica y lo sociocultural.
El mundial 2026 evidenció las múltiples desigualdades y problemáticas que vive México: hablar del país este año es referirse a las más de 130 mil personas desaparecidas, las condiciones laborales del magisterio agrupado alrededor de la CNTE y denunciar las contradicciones u omisiones del gobierno de la “4T”.
México en 2026 implica referirse tanto a las concentraciones multitudinarias y emotivas cada que jugó la selección de futbol, como al “exilio” que vivieron miles de aficionados por el costo de los boletos en los partidos realizados en los estadios Azteca, Akron y BBVA.
El mundial 2026 significó visualizar tanto las caminatas y las emociones por cuatro triunfos de la selección, pero también las marchas y las manifestaciones en las calles de la CDMX para exigir la abrogación de la Ley del ISSSTE y atender el problema de miles de desapariciones.
Entre el crisol de expresiones populares, Ricardo Salinas Pliego no pasó la prueba a ras de calle en el partido inaugural: un ciudadano le gritó “la perrita de Trump”, apodo que lo ha marcado desde entonces.
Periodista y profesor de la UAQ