“Infodemia”, propuesta del gobierno federal que comenzó durante la pandemia por Covid-19 en 2020, afronta semanas de crisis porque contrario al propósito oficial o a la intención con la que surgió, vulnera Derechos de las Audiencias en los hechos y sus responsables no aceptan ni rectifican sus equivocaciones.
Su “transformación” ha sido un retroceso: no verifica ni combate la desinformación, sino desacredita reportajes y materiales periodísticos que muestran las omisiones del gobierno federal, gobiernos estatales, actores o aliados de la llamada “4T”.
Los videos de la mujer servidora pública (Florencia Franco) que se asoleaba en una ventana de Palacio Nacional, inmueble simbólico en la comunicación pública y tal vez el epicentro desde diciembre 2018, fueron el iceberg de la crisis en que cayó “Infodemia”… y de la cual parece no salir.
Desnudaron al proyecto que surgió del Servicio Público de Radiodifusión (SPR) del Estado Mexicano, porque “Infodemia” se presenta oficialmente con ropaje de verificación, pero solo es un traje-disfraz de engaño porque en la práctica funciona como una herramienta de propaganda o de defensa de la narrativa oficial. Aun cuando no tengan pruebas o elementos.
Al reconocer que los videos sí tenían base en la realidad y no eran producto de la Inteligencia Artificial (IA) como se quiso desmentir, la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo exhibió un flanco débil de su administración, mantuvo el tema en agenda mediática e indirectamente obligó tanto a Jenaro Villamil como a Miguel Elorza, a asumir su responsabilidad.
A la ahora exfuncionaria de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) no le quedó más que renunciar o hacerse a un lado, sobre todo cuando el Periodismo también mostró que incurría en un conflicto de interés por otras labores fuera del servicio público.
En el habla coloquial, los videos de la mujer en ventana de Palacio Nacional fueron una “carambola de dos bandas”: exhibieron las contradicciones o los excesos de “Infodemia” bajo el manto de una supuesta verificación, y provocaron renuncia en el gobierno.
La periodista Dalila Escocer y “Proceso” publicaron un reportaje que profundizan la crisis de “Infodemia”: muestran con base en documentos de la Plataforma Nacional de Transparencia (PNT) que el área del SPR realiza subcontrataciones en las que eroga hasta 5 millones de pesos (mdp) para labores de comunicación como “redacción de guiones”.
El escándalo no termina. Porque en su intento por desmentir a través de la plataforma digital “X”, personal de “Infodemia” volvió a mostrar sus limitaciones y a tratar de combatir Periodismo con ataques de descrédito o narrativa. Sin pruebas.
Esta situación posicionó aún más el contenido de “Proceso”, medio que aprovechó para publicar un segundo material que destaca los documentos oficiales obtenidos, términos jurídicos clave que vienen en los documentos y montos de las subcontrataciones… palabra que pareciera estar prohibida en la práctica de gobiernos de la “4T”.
¿Dónde quedan los Derechos de las Audiencias en la labor de “Infodemia”? Están vulnerando el Derecho a la Información, porque tienen más preocupación por desmentir, desacreditar y atacar que en realmente respetar la labor periodística.
Sin embargo, considero importante decir que pienso es necesario un frente para combatir, exhibir o desnudar en tribuna público los excesos de la prensa corporativa que no hace Periodismo.
Me parece que la propuesta “Infodemia” necesita replantear sus acciones, reconocer que en la labor informativa y de verificación puede haber errores. Sobre todo, ponderar como elementos indispensables las pruebas y la razón comunicativa, uno de los mayores legados del recientemente fallecido filósofo Jürgen Habermas.
“Infodemia” necesita aportar elementos para el espacio público, no inhibir la participación, las preguntas o el disentir. Recordar que el Periodismo no es un “enemigo”.
Periodista y profesor de la UAQ