Araceli Ardón

Nuestro querido Yeyo

Su trabajo es tan valioso como el patrimonio material que aglutina templos majestuosos

Carlos de Sigüenza y Góngora, confesor de Sor Juana Inés de la Cruz y amigo de Juan Caballero y Osio, pasó un tiempo en nuestra ciudad, hospedado en el curato de La Congregación, donde escribió Glorias de Querétaro, libro publicado en la Ciudad de México en 1680. Comparaba a la ciudad de Santiago con un floridísimo vergel, un paraíso por su clima y su belleza.

Si este sabio hubiera vivido hoy en día, habría mencionado en su escrito al maestro Aurelio Olvera Montaño, nuestro querido Yeyo. Algo ocurre en la mente al sustituir un sustantivo propio por un nombre distinto, abreviado, pequeño, amable y dulce. Al llamar a una persona por su nombre de cariño, reforzamos nuestra relación, le damos otro significado a la amistad, nos recordamos tiempos compartidos, el abrazo adquiere una dimensión diferente.

A Yeyo lo queremos mucho y este afecto que todos le profesamos tiene la calidad de un perfume que se incorpora al aire que flota sobre las calles donde él camina, las plazas donde ha sido actor, los jardines donde dirige su banda, los espacios sagrados que se llenan de la música de su órgano.

Yeyo es un personaje. Su trabajo es tan valioso como el patrimonio material que aglutina templos majestuosos, balcones coquetos y calles de piedra. Nos hemos acostumbrado a su presencia de hombre amable, vestido con impecable guayabera en verano y traje formal en invierno. A lo largo de los años, su voz fue perdiendo fuerza mientras su prestigio alcanzaba alturas mayores.

Gracias al empeño de Gerardo Proal de la Isla, un grupo de amigos creó de nueva cuenta el Patronato de Santa Clara, con el fin de restaurar la obra de arte y el espacio que contiene ese templo de retablos recubiertos de oro. El patronato original es de 1605 y fue fundado por Diego de Tapia, para que en el convento profesara su hija, María Luisa del Espíritu Santo.

Por unanimidad, elegimos a Yeyo como presidente. En sesiones frecuentes, lo escuchamos hablar de arte e historia. Era el centro de un grupo en el que participaban personas cuya alma está en el cielo: Lolita Leyva, Jaime Millán, Miguel Bringas y Lupita Frías.

Yeyo ha sido músico, compositor, director de la Estudiantina de la UAQ y de la Banda de Música del Estado. Yeyo fue actor de los Cómicos de la Legua, participó en piezas del teatro clásico español y tuvo una destacada actuación en El pequeño Malcolm y su lucha contra los eunucos, del dramaturgo británico David Halliwell, obra de 1965.

Con su hermano Luis, dirigió el Patronato de las Fiestas de Querétaro. Yeyo aquilata el valor de la tradición popular. Un momento cumbre ocurrió en Roma, cuando la Estudiantina de la UAQ interpretó “Peregrino de la Paz”, su composición en honor de Juan Pablo II, quien recibió al grupo y escuchó su canción.

Yeyo es queretano de cepa, amigo cercano, columna del arte y la cultura. Que vengan los homenajes, ahí estaremos para celebrar.

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