Fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida. Logramos autenticar una pintura de Luca Giordano, uno de esos pintores del Barroco cuyo ingenio competía con su talento, ambas cualidades alumbradas por la inteligencia.
Giordano nació en Nápoles, cuando esta región formaba parte del Imperio Español. En su juventud, fue muy cercano a José de Ribera, el Españoleto. Tuvo estancias de trabajo en Roma y Venecia, donde buscó su propio estilo. Comenzó haciendo imitaciones de Raffaello, Tiziano y Rubens; buena parte de su producción inicial tenía temas religiosos.
En España, dejó una huella importante en el Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial. Hay obras firmadas en La Zarzuela y el Palacio Real. En México, hay varias importantes piezas de su autoría en el Museo Nacional de San Carlos, institución del INBA, ubicada en la colonia Tabacalera de la Ciudad de México. No se sabe a ciencia cierta en qué barco viajaron a América, con qué acervo o colección, en dónde se expusieron antes de las leyes de Reforma que separaron los bienes de la Iglesia y del Estado.
El Museo de San Carlos fue sede de una gran exposición, con el patrocinio de la Embajada Italiana, en septiembre de 2001. La historia para mí comenzó en enero de aquel año, cuando recibí en mi oficina del Museo de Arte de Querétaro un fax desde Hungría. Estudiosos de la obra de Giordano estaban de visita en México para curar esa exposición y estaban poniendo a punto las obras del napolitano pertenecientes a la colección del Museo de San Carlos, en especial un “Astrónomo de la antigüedad”, cercano a 1660, que representa a Claudio Ptolomeo, quien fue un astrónomo, astrólogo, químico, geógrafo y matemático griego, quien afirmó que la Tierra era el centro del universo y el ser humano lo más importante de la creación divina.
Los museógrafos se interesaron en incluir una obra que formaba parte de la colección del INBA exhibida en el museo queretano. Se trata de una “Oración en el huerto”, que representa a Jesús en el huerto de los olivos, bañado por la luz divina, mientras un ángel baja del cielo en un rompimiento de la Gloria, para acompañar al Salvador en un momento climático de dolor.
La pintura fue autenticada por Nicola Spinosa, Superintendente del Museo de Capodimonte en Nápoles, y por Alfonso Pérez Sánchez, exdirector del Museo del Prado y experto en el periodo de Giordano al servicio de Carlos II de Habsburgo.