A través de muchos años, tuve el honor de conocerlo. Mis padres gozaron de su amistad y apoyaron su labor altruista.
El 25 de julio de 2023, en el Teatro de la República, el Municipio de Querétaro rendirá un homenaje póstumo a este médico dedicado al cuidado de pacientes con enfermedades neurológicas. Fue un hombre cuya biografía tiene tantos logros, metas alcanzadas, proyectos realizados y trabajo cumplido, que equivale a la realización de muchos seres humanos.
Residente en Santiago de Querétaro por varias décadas, Faustino Llamas Ibarra nació en 1950 en Aguascalientes. Murió en 2017.
Con su esposa, Martha Macías, tuvo nueve hijos. A su muerte, tenía 21 nietos. A uno de sus hijos le donó un riñón, en una exitosa operación realizada entre dos personas vivas.
Estudió medicina en la UNAM, titulándose con honores. Realizó su especialidad en neurocirugía. Dedicó 38 años a la investigación médica, en México y el extranjero, con enfoque en la médula espinal y tumores cerebrales. La parálisis cerebral era su reto.
En 1987, fundó la Casa Hogar San Pablo, para niños con discapacidad intelectual, cuyas familias carecen de recursos económicos. Se percató de que las mujeres con discapacidad mental son muy vulnerables, por lo cual inició la Casa Hogar María Goretti, la primera del conjunto que lleva su nombre. Siguieron la Casa Salvador Rivera García, la Casa Maximiliano María Kolbe y la Casa Laura Vicuña. Después de su muerte, se creó la Granja Betania, en Amealco, Querétaro. Con ella, se logra completar el modelo de atención y desarrollo de por vida para mujeres que estaban en condiciones de abandono.
Su trabajo trascendió fronteras y llegó a Perú, donde abrió un centro de día para personas con discapacidad. En Cuba, inició el trabajo de un asilo para ancianos.
Impartió clases de neuroanatomía en varias universidades, por 25 años. Fue un hombre muy amable, que trataba con respeto y alegría a quienes asistían a la clínica neurológica fundada por él. Creó el Instituto de Rehabilitación de Querétaro, para pacientes que requieren terapia de varios tipos. Ahí, en sus consultas, no cobraba honorarios.
Siendo niño, realizaba labores domésticas y sus padres le daban una recompensa: pudo ahorrar para comprar una bicicleta. Se enteró de que al zapatero de la familia le habían robado la suya. Sin pensarlo, le obsequió su reluciente vehículo.
Estudió inglés, francés, chino, portugués, esperanto, alemán, ruso, árabe, braille e italiano, para comunicarse con colegas en esos idiomas. A los 60 años, se graduó de la maestría en Mercadotecnia. En el momento de su muerte, faltaban solo dos meses para que se titulara como abogado.
Amaba la música: tocaba la flauta transversa y formó un conjunto con sus nietos, de manera que tomaban clases juntos y tocaban varias piezas.
Los Hogares Faustino Llamas son instituciones de asistencia privada, que albergan a alrededor de 100 mujeres que han sido víctimas de violencia, abuso o abandono. “Hay que cuidarlas como si fueran hijas nuestras”, les decía el doctor a sus colaboradores.
Es de justicia reconocer la labor de este médico dedicado al cuidado de personas que han sufrido la pérdida del valor más frágil: la salud.