Araceli Ardón

El aura de Aura

Las líneas de Aura estuvieron en las plazas, en las calles, junto a las fuentes de Querétaro, la ciudad que amó, donde ahora su hija María encarna personajes en el teatro de La Fábrica

Alejandro Aura, actor, director de escena, ensayista, poeta, dramaturgo, productor y empresario, era amigo de Paula de Allende. Acudía al llamado de esa mujer luminosa, quien abría las puertas de su casa en La Cañada como quien descorre el telón de un teatro, para que los artistas suban al proscenio a recitar parlamentos.

Aura leía sus poemas nuevos con amor de padre que presenta a su recién nacido, pergeñaba proyectos y anidaba sueños de gloria que se proyectaban desde su cabellera de prematuras canas, como un aura. Quizá sus ancestros compartieran esa especie de nube, halo o anillo de fuego que se posa sobre la cabeza de los elegidos, como seres divinos, santos o emperadores en las pinturas desde la Edad Media.

Paula murió en diciembre de 1979. Hoy se habla de la muerte como trascendencia. En su caso, la palabra es adecuada. Su contribución a la vida cultural de Querétaro fue valiosa. Años después, fundé la revista Ventana de Querétaro, cuyo número de diciembre de 1986 tenía una sección literaria dedicada a Paula.

Publicamos estas estrofas de Aura: “El colibrí que vuela en la huerta de mi amiga,/ como sobreviviente de la belleza, va a morir./ Pero alguien se para frente al árbol padre y/ aprieta el click que dejará vivos sus ojos.// El colibrí ni gana ni pierde; se detiene por/ fin en la quietud de la copa, maravillado de/ sí mismo; cierra los ojos y se pone a soñar/ que recomienza”.

Para entregarnos sus poemas, Aura nos recibió a Eduardo y a mí en su casa de Coyoacán. Vivía con su mujer, la escritora Carmen Boullosa, embarazada de su segundo bebé. María era pequeña. Aura, con energía radiante, nos contaba anécdotas de su niñez, como los viajes familiares, donde el padre los exhortaba: “¡Bájense del coche, métanse al río, sálganse del río, en friega, que estamos de vacaciones!”

Lo invité a dar charlas en el Campus Querétaro del Tec, donde habló de poesía, de teatro, de literatura y del anhelo de vivir. Derrochaba simpatía, hacía reír a carcajadas a la menor provocación.

Fue escritor de narrativa. Sus libros de cuentos son: La historia de Nápoles, Los baños de Celeste, La hora íntima de Agustín Lara, El otro lado y A la orilla del viento. Publicó también diez libros de poesía y cuatro de teatro.

Murió en Madrid, el 30 de julio de 2008. En su blog oficial fue compartiendo sus poemas; nos hizo partícipes de los procesos de su enfermedad.

Incluí un poema suyo en el proyecto cultural “Querétaro, ciudad de 100 poemas”, que se dio a conocer en la Antigua Estación de Ferrocarril, el 27 de julio de 2012. Produjimos cien mamparas con poesía y un libro antológico. Las líneas de Aura estuvieron en las plazas, en las calles, junto a las fuentes de Querétaro, la ciudad que amó, donde ahora su hija María encarna personajes en el teatro de La Fábrica.

Te recomendamos