El año 1988 me regaló una primavera estupenda. A invitación de mi amigo Robert M. Jackson, enseñé español en la Universidad de Oregón, en Eugene. Bob era el director del Departamento de Lenguas Romances y tenía un puñado de profesores de nuestro idioma originarios de Chile, Argentina, España y Estados Unidos.

Lo más delicioso de la experiencia internacional es la oportunidad de conocer a gente llena de talento, con la mente rica en ideas, propuestas y mundos alternos, porque cada uno de los colegas ha leído cientos de volúmenes que ha sometido al análisis, y de cada uno ha extraído una vivencia.

Viene a mi mente el recuerdo luminoso de David Peralto, quien había pasado su adolescencia en Coos Bay, un pueblo de la costa de Oregón; la familia que lo recibió en casa mientras él estudiaba high school tenía un padre de origen ruso, que se ganaba la vida con un bote de pesca. En la década de 1950, cuando llegó a consolidar un patrimonio, se encontró solo, sin tener una vida social que le permitiera conocer a mujeres para elegir novia. Japón era un país en ruinas. Hubo entonces quien creara un catálogo de muchachitas japonesas dispuestas a cruzar medio mundo en una travesía en barco para ser entregadas como esposas a los hombres de Estados Unidos y Canadá que las habían escogido con ayuda de una fotografía y una escueta descripción.

La madre japonesa y el padre ruso formaron una familia estable frente a todo pronóstico. Al llegar a la orilla, la chica no hablaba inglés; el futuro marido no sabía el idioma de ella. El compromiso de estar unidos para siempre generó el lenguaje en que dejaron crecer el amor.

Anuncia Escala, otra colega, era catalana y había sido amanuense de García Márquez, durante la estancia del escritor colombiano en Barcelona. Ella conocía a la filóloga Paloma Díaz-Mas, profesora de la Universidad del País Vasco en Vitoria. Paloma y yo llegamos al mismo tiempo, en marzo. Ella dedicaría su año sabático a escribir y estaría en Oregón como escritora en residencia.

Un sábado temprano, salimos los cuatro en el coche de David. Al llegar a la playa, Paloma miró extasiada el océano Pacífico. Aspiró su fragancia salina hasta llenarse la garganta y los pulmones de ese aire sanador; luego, se arrodilló y bajó la cabeza para besar la arena. “¡Por fin te conozco!”, decía con visible emoción. Comprendí que para una persona nacida en España, el Pacífico queda a miles de kilómetros, ya sea atravesando Asia o el Atlántico y luego nuestro continente.

Decía Neruda: “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. Anuncia se ha especializado en escribir sobre la Guerra Civil Española. Peralto ha hecho una carrera en el teatro y es presidente de una fundación. Paloma Díaz-Mas es miembro de la Real Academia Española, con la letra i, desde abril de 2021.

En 1992, publicó sus experiencias en Eugene en el libro Una ciudad llamada Eugenio.

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