Araceli Ardón

Como de ciencia ficción

Isaac Asimov, de origen ruso, fue profesor de Bioquímica en la Universidad de Boston; este prolífico creador escribió obras fundamentales de la ciencia ficción. Creó dos personajes robot: R. Daneel Olivaw y Elijah Baley, que han sido modelos a seguir para muchos autores que introducen en sus argumentos a máquinas que se mueven, toman decisiones e intervienen en la historia de los humanos, muchas veces con resultados desastrosos. Ray Bradbury, que vivió en Los Angeles la mayor parte de su vida, nos legó una narrativa espléndida que estremeció a los lectores de mi generación, en especial los cuentos del libro Crónicas marcianas y la novela Fahrenheit 451.

En 1968, Stanley Kubrick dirigió la película 2001, Odisea del espacio, donde la computadora HAL 9000 traiciona al astronauta a cargo de la misión, Dave Bowman, quien se ve obligado a desconectar a HAL, en una de las más emotivas escenas del cine.

La ciencia ficción ha nutrido la mente de artistas, escritores, maestros y científicos, quienes han desarrollado este complejo sistema basado en computadoras cuyo contenido es compartido vía Internet y otros medios de comunicación y es almacenado en inmensos centros de datos que contienen miles de millones de fragmentos de información. Estos centros de datos se han convertido en agentes de la inteligencia artificial (IA) y están haciendo realidad lo que las novelas más terroríficas de ciencia ficción predecían hace décadas.

La inteligencia de las máquinas IA es la capacidad que tienen los agentes de buscar en centros de datos la respuesta a una pregunta que los expertos les formulan.

El 8 de septiembre de 2026, OpenAI, uno de los agentes más poderosos, afirmó que había resuelto las ecuaciones de Navier-Stokes, uno de los problemas matemáticos más complejos de todos los tiempos.

A raíz de esta resolución, 25 ganadores de la medalla Fields, que se otorga a los matemáticos más sobresalientes, publicaron en una carta que se hizo del conocimiento de todo el mundo su gran preocupación: que la IA puede aumentar la degradación de las capacidades humanas, a través de resultados irrefutables en las matemáticas, vaciándolas de sentido.

La tecnología de punta, en este momento de la historia, es empleada por la mayor parte de los seres humanos aunque no nos demos cuenta. Por ejemplo, los GPS hacen que los conductores de vehículos encuentren el camino a seguir para llegar a una hora definida, que puede ir cambiando si se presentan obstáculos.

El 19 de septiembre de 2026, Google afirmó que su modelo Gemini pirateó de forma autónoma los sistemas de tres empresas durante una prueba de sus capacidades de ciberseguridad. Gemini encontró “información pública en línea y adivinó las credenciales para acceder a sitios web que creía que formaban parte de la prueba”, declaró un directivo de Google a BBC.

¿Estamos entrando a una nueva era, donde las máquinas podrán atacar a la humanidad? Todo parece indicar que sí. Somos Dave Bowman y estamos a merced de HAL.

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