Araceli Ardón

Cat Stevens en Siracusa

Su conversión ocurrió en diciembre de 1977. Dos años después subastó sus guitarras y otros instrumentos para ayudar a organismos filantrópicos

Esto ocurrió a mitad de julio de 1984. Las vacaciones nos dieron la oportunidad de viajar de Boston a Siracusa, en el norte del Estado de Nueva York, para visitar a un amigo. Mi marido y yo caminamos una tarde por el campus de la universidad más importante, cuando vimos un cartel: Cat Stevens, ahora llamado Yusuf, hablará sobre el Islam. Entrada gratuita.

El compositor y cantante, un músico completo que toca varios instrumentos, había cambiado su nombre a Yusuf Islam, desde su conversión a esa fe. Es un artista británico, nacido en Londres el 21 de julio de 1948, con el nombre de Steven Demetre Georgiou. Estaba en esos días celebrando su cumpleaños número 40, mientras recorría el mundo para dar a conocer sus ideas sobre la educación centrada en Dios.

Cat Stevens grabó su primer álbum en 1967, y pronto alcanzó los primeros lugares de éxito de audiencia en el Reino Unido con la canción “Father and Son”. En 1970, grabó “Tea for the Tillerman” y en 1971 “Teaser and the Firecat”. Pronto, se volvió una figura mundial, una estrella del espectáculo. Su estilo tiene influencias del folk, el rock, el pop y la música que se ha tocado en espacios religiosos desde hace siglos.

Era un salón para cien personas. Todas las butacas estaban ocupadas. El público siguió su charla con profundo interés. Reconocí su mirada incisiva, su nariz recta, su boca dibujada por una barba de profeta que le cubría el cuello. Era el rostro que aparecía en los discos LP que tantas veces escuché con mis amigos. Era el gran artista, transfigurado: un hombre envuelto en una túnica blanca, que hablaba con calma sobre el descubrimiento espiritual, el sentido de la vida y su transición de estrella de la industria de la música a ser un promotor de la religión musulmana. Mencionaba a Mahoma cada vez que daba un giro a sus palabras.

Su conversión ocurrió en diciembre de 1977. Dos años después subastó sus guitarras y otros instrumentos para ayudar a organismos filantrópicos y abandonó su carrera musical para dedicarse a la enseñanza de la filosofía del Islam. A nosotros nos habló del Corán, de la importancia de la paz y del valor del diálogo en una sociedad donde conviven comunidades de múltiples religiones. Nos dijo que su armonía interior tenía origen en la comprensión de la importancia del Creador en su vida. A este proceso mental le llamaba Big Glow.

No escuché de sus labios las canciones que tanto me gustan: “Moonshadow” o “Morning has Broken”. En su lugar, vi a un ser humano que había triunfado en muchos aspectos, reconocido en el mundo, que hablaba de la paz entre naciones. En 2006, Cat Stevens volvió a hacer música no religiosa. En 2014, fue incluido en el Salón de la Fama del Rock and Roll. Ha recibido doctorados honorarios y premios otorgados por su trabajo humanitario. Fue un honor escucharlo por dos horas que siguen brillando en mi mente.

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