A principios de 2006, recibí un correo electrónico: “Nuestro mutuo amigo, Robert M. Jackson, me habló de usted y me sugirió que incluyera un texto suyo en el libro que estoy editando”. Contesté que sería un placer figurar en las páginas de Mexico – A Traveler’s Literary Companion.

La editora de ese volumen, C. M. Mayo, es una estadounidense que fundó la empresa editorial Tameme, dedicada a la publicación de textos literarios traducidos de español a inglés y viceversa. Su escritura de memorias, en especial el título Miraculous Air: Journey of a Thousand Miles through Baja California, ocupa un lugar de honor en bibliotecas. Su cuento Sky Over El Nido ganó el premio Flannery O’Connor.

La editorial Whereabouts Press, de Berkeley, California, había publicado libros dedicados a una ciudad o país: Australia, Chile, Japón, Praga... era el turno de México. Mayo incluyó textos de Ángeles Mastretta, Carlos Fuentes, Juan Villoro, Pedro Ángel Palou y otros autores. Ella eligió mi cuento “No es nada mío” y lo tradujo al inglés. El propósito de la colección es que los viajeros tengan una idea de la literatura del lugar.

La antología se presentó en Washington, D.C. La editora fue invitada a la estación de radio NPR para hablar sobre su contenido, en un programa muy popular.

Mayo había elegido Querétaro para presentar el libro, entre la Ciudad de México y San Miguel de Allende. El evento se realizó en la primera semana de noviembre, en el Museo de Arte de Querétaro; elegí como presentadora a Tere Azuara, experta en literatura inglesa.

Mayo y su marido se hospedaron en La Casa de la Marquesa, a unos pasos del museo. Antes de iniciar el acto, ella nos presentó a Agustín, quien cargaba un par de bolsas llenas de libros y se colocó en una mesa del patio, a vender los ejemplares editados por su mujer. Ella era la estrella; él, su acompañante. Más tarde, tres parejas y una chica cenamos en el hotel: mi marido y yo, Tere Azuara y Manuel, Mayo y Agustín, además de mi hija Ana Paula.

Los Carstens nos contaron que se conocieron en la Universidad de Chicago; él recibió el grado de doctor y más tarde fue funcionario en la Secretaría de Hacienda de México y en el Banco Mundial. No dijo nada respecto de su posición en la institución, ni de su vida en Washington. Narraron anécdotas de su vida de estudiantes y de su noviazgo, como si fuéramos amigos desde siempre.

El 21 de noviembre, Eduardo y yo veíamos la televisión. En los noticieros, el presidente electo, Felipe Calderón, presentó su gabinete; el rostro de Agustín apareció como el nuevo secretario de Hacienda de México.

Por varios años, frecuenté a C.M. Mayo. Seguí la trayectoria de Agustín con orgullo por sus triunfos, con gratitud por la eficacia de su trabajo, que fortaleció la economía del país y protegió nuestra moneda en las crisis internacionales. En 2025, el doctor Carstens concluyó su ciclo al frente del Banco de Pagos Internacionales, una responsabilidad de nivel mundial, en manos del marido de la escritora.

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