Ángel Balderas

Trump y su obsesión por Groenlandia

Cuando Donald Trump ordenó el secuestro del presidente de Venezuela, todos los liderazgos europeos se quedaron callados, ninguno mencionó las palabras “derecho internacional” o “soberanía”. Ni tampoco lo hicieron con el genocidio israelí en Gaza.

Sin embargo, usando dos pesos y dos medidas, esos mismos liderazgos se han “escandalizado”, muy, pero muy ligeramente, ante la pretensión de Trump de robarle la isla de Groenlandia a Dinamarca, así como le está robando petróleo al pueblo venezolano

Esa isla mide poco más de 2 millones de kilómetros cuadrados, un poco más grande que México. La superficie de Groenlandia equivale a las superficies conjuntas de los siguientes once países juntos: Alemania, Finlandia, Polonia, Italia, Reino Unido, Grecia, Bulgaria, Islandia, Hungría, Portugal y Austria, lo que da una dimensión de lo que se pretende apropiar Trump.

Groenlandia posee reservas de hidrocarburos y yacimientos de minerales importantes (cobre, diamante, grafito, hierro, níquel, oro, tierras raras, titanio, tungsteno y zinc, entre otros).

Por su posición geográfica, la isla tiene acceso al Ártico y a rutas de navegación en el norte del planeta lo que tiene importancia logística, dado que se mueve por mar entre el 80 y el 90 por ciento de las mercancías, a nivel mundial.

El principal pretexto de Trump para quererse robar Groenlandia es que si no lo hace él “lo harán los rusos o los chinos”, sin que su afirmación tenga algún sustento en la realidad.

En efecto, Rusia tiene ya un amplio acceso al Ártico. Tan es así que casi la entera ruta del Mar del Norte, desde el estrecho de Bering hasta las costas de los países nórdicos se desarrolla en aguas territoriales rusas. Como se pregunta el coronel retirado del ejército norteamericano, Daniel Davis: “¿Por qué los rusos arriesgarían una guerra nuclear con Estados Unidos y la OTAN por algo que ya tienen?”.

Con respecto a China, además de que puede usar la ruta del Mar del Norte, como ya comenzó a hacerlo, China está en el otro extremo de Groenlandia, por lo que sus bases navales están a miles de kilómetros de distancia, bloqueadas por aliados, bases estadounidenses y la propia Alaska.

El coronel Davis señala que la fijación de Trump con Groenlandia parece menos una estrategia que un impulso: “La quiero. Así que voy a buscarla”.

En este contexto resulta patético que Trump haya “negociado” sobre Groenlandia con el holandés Mark Rutte, secretario general de la OTAN, sin haber consultado ni los daneses ni con los groenlandeses.

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