Ángel Balderas

Ruffo y el inicio del PRIAN

Algunas y algunos de los que han salido a defender al exgobernador panista de Baja California, Ernesto Ruffo, nos quieren vender una imagen idílica del personaje: la del héroe que derrotó al PRI en Baja California. En tiempos del PRIAN esta argumentación es verdaderamente ridícula.

El inicio formal del PRIAN se da justamente con el fraude electoral ordenado por el priista Miguel de la Madrid para imponer en la silla presidencial al también priista Carlos Salinas, en 1988. El triunfo de Salinas no fue reconocido por ninguno de sus contrincantes: Cuauhtémoc Cárdenas, del Frente Democrático Nacional, el que verdaderamente ganó la elección; el panista Manuel J. Clouthier (fallecido en un extraño accidente el 1 de octubre de 1989) y la candidata del Partido Revolucionario de los Trabajadores, Rosario Ibarra.

A contracorriente de su candidato presidencial, la dirigencia del PAN avaló el fraude de Salinas a cambio de que el PRI les diera algo a cambio. Es el inicio de las que en su momento se llamaron “concertacesiones” entre el PRI y el PAN, es decir, negociaciones en lo oscurito totalmente antidemocráticas.

Es así como aparece Ernesto Ruffo, al que el PRI le reconoció el triunfo en las elecciones en Baja California en 1989. Ya en este camino, el PRI le reconoció al PAN su triunfo en Guanajuato, en 1991. Hasta antes del fraude de 1988 el PRI estaba acostumbrado al llamado “carro completo”, que consistía en arrasar en todos los cargos de las elecciones, por las buenas o por las malas (es decir, cometiendo fraude electoral para no reconocer el triunfo de la oposición).

El camino de las “concertacesiones” se fue alargando y ampliando hasta convertirse en una autopista que llevó, por ejemplo, al panista Antonio Lozano a la Procuraduría General de la República en el sexenio del priista Ernesto Zedillo y que tuvo su clímax con la entrega pactada de la presidencia de la república, en el año 2000, al panista Vicente Fox, por parte del priista Zedillo, según el testimonio del mismo candidato presidencial del PRI en esas elecciones Francisco Labastida, ex gobernador de Sinaloa.

Con el fraude electoral panista en las elecciones de 2006, para imponer a Felipe Calderón en la presidencia de la república, el PRI le pagó al PAN el “favor” de 1988.

El camino iniciado en 1988 tuvo su cúspide al presentar PRI y PAN a la misma candidata presidencial en 2024. Así que Ruffo no inició un camino democrático, sino que más bien dio inicio al maridaje hoy conocido como PRIAN.

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