Dentro de la reforma electoral impulsada por la presidenta de la república, había una propuesta muy racional que fue rechazada por PAN, PRI, MC y PT con argumentos kafkianos.
La propuesta era realizar un posible referéndum revocatorio del mandato presidencial “el primer domingo de junio del tercer o cuarto año de gobierno”. Es decir, para el mandato actual, dicho referéndum podría haberse llevado a cabo, de manera concurrente con el proceso electoral del próximo año o hasta 2028 en un proceso único. La racionalidad de esta propuesta es evidente, pues si se llevara a cabo dicho referéndum el próximo año, no tendríamos que gastar ni dinero público, ni tiempo, ni esfuerzo en organizarlo por separado en 2028.
Sin embargo, por extrañas razones, los partidos antes mencionados se opusieron a que ese posible referéndum se llevara a cabo junto con las elecciones ordinarias de 2027. Estaría bien que, si se lleva a cabo dicho referéndum en 2028, fuera financiado totalmente con las prerrogativas de los cuatro partidos responsables de ese gasto extraordinario.
Los referéndums de revocación de mandato son instrumentos de la democracia participativa que no existían en la época del PRIAN, simplemente porque no les interesaba. En México tenemos la posibilidad de solicitar un referéndum de este tipo gracias a que la 4T lo impulsó y quedó como parte del artículo 35 constitucional en diciembre de 2019.
Es evidente que a quienes les interesa revocar el mandato de una o de un presidente (en todo el mundo y en todo tiempo) es a la oposición. Basta ver los llamados “impeachment” en Estados Unidos (proceso de destitución o juicio político) o las mociones de censura en algunos países europeos, que tienen el mismo efecto de una destitución.
En el caso de México, de manera increíble, no es así. La oposición afirma un día sí y otro también que la presidenta, la 4T y Morena gobiernan “mal”. Si así fuera, ellas y ellos serían las y los más interesados en que se llevara a cabo un referéndum revocatorio lo más pronto posible, es decir, deberían haber aceptado que dicho referéndum se llevara a cabo el año próximo, de manera concurrente con el proceso electoral. Pero, de manera contradictoria se opusieron a esta posibilidad. En sus pobres argumentaciones era evidente que tenían un verdadero pavor de que la presidenta apareciera en las boletas de 2027, al mismo tiempo que las elecciones ordinarias. Y por esta contradicción todos pagaremos los platos rotos.
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