Ahora resulta que de acuerdo a algunos defensores del narco Genaro García Luna (defensa a veces explícita y a veces implícita), su juicio en Estados Unidos fue un “juicio contra México”, como si García Luna fuera México.
Dentro de los defensores que han dicho semejante barbaridad, están Raymundo Rivapalacio (aquel que se volvió famoso al decir que un millón de dólares, en billetes de a 100 dólares, pesa una tonelada) y María Amparo Casar (excoordinadora de asesores del panista Santiago Creel, cuando éste último fue secretario de gobernación del panista Vicente Fox, es decir, ya cuando García Luna andaba en sus andanzas delincuenciales).
El juicio contra el criminal García Luna no fue un juicio en contra de México, ni tampoco en contra del estado mexicano. Esta falsa narrativa pretende incluirnos a todos, lo que evidentemente es falso y evidencia que los defensores de García Luna tratan de limpiar su mala conciencia involucrándonos a todos.
En todo caso, si se trató de un juicio de dos sexenios panistas, de los gobiernos encabezados por Vicente Fox y Felipe Calderón, de un partido político en amplia degradación (el PAN) y de los medios de comunicación que cubrieron la carrera delictiva de García Luna mientras estaba en el poder y que trataron de cubrirlo aún ahora para que no salieran a la luz sus amplias complicidades.
María Amparo Casar colaboró con esos gobiernos que se corrompieron y, paradójica y contradictoriamente, hoy es la presidenta ejecutiva de “mexicanos contra la corrupción y la impunidad”, es decir, hoy está al servicio del antiguo dizque “experto en educación”, Claudio X. González.
El querer echarnos la culpa a todos, es un vivo reflejo de que también ellos se sintieron juzgados en Estados Unidos por haber solapado la connivencia de altos cargos panistas con la delincuencia organizada, por haber apoyado la supuesta “guerra contra el narco” (que hoy sabemos que no fue tal, sino que fue una coartada para defender a un cártel que sobornaba a funcionarios gubernamentales) con su caudal de muertes a las que llamaron “daños colaterales”, entre ellas las de más de 3 mil 500 menores de edad y entre ellas las decenas de miles de ejecuciones extrajudiciales.
Así que no, no se confundan, el juicio contra García Luna no fue un juicio contra México, fue un juicio contra los panistas, contra sus gobiernos y contra sus cómplices. Y que no nos venga ahora con cuentos el señor Marko Cortés, presidente nacional del PAN, de que García Luna no estaba afiliado a ese partido, como si eso cambiara las cosas.