Los informes legislativos son ejercicios de transparencia en el que todas y todos quienes acudimos a sus casas, por su apoyo, les decimos en donde se encuentran invertidos los impuestos o les rendimos cuentas de nuestras actividades, sin embargo, son fáciles de olvidar si detrás de ellas no se explica qué ocurrió con el trabajo legislativo.
Por eso, al presentar mi segundo informe, prefiero detenerme en esta pregunta: ¿para qué sirve presentar iniciativas si pueden pasar meses o años, congeladas en una comisión?
Esa pregunta está presente en cada momento de mi vida, en cada día que debatimos y en cada reunión.
Una de las iniciativas que presentamos busca precisamente combatir la inactividad legislativa; cuando fue planteada, el diagnóstico señalaba 279 iniciativas acumuladas y 154 sin dictaminar, pero el problema no era la falta de propuestas, era la capacidad del Congreso para procesarlas, discutirlas y resolverlas… lamentablemente, esa iniciativa sigue en análisis, pero decirlo es parte de rendir cuentas de forma clara y transparente.
Un informe legislativo no debería ser un documento o un evento en donde todo aparece terminado, aprobado y exitoso, existen asuntos que avanzaron, otros que siguen detenidos y algunos que consiguieron convertirse en decisiones concretas; por ejemplo, durante este segundo periodo fueron aprobadas reformas relacionadas con la distribución de recursos federales entre los municipios y la coordinación fiscal; también avanzó la modificación legal para fortalecer la respuesta frente a muertes provocadas por personas que conducen bajo los efectos del alcohol o sustancias.
Se aprobó además la reforma vinculada con la estrategia contra la extorsión y la creación de capacidades especializadas para investigar este delito; en materia electoral también hubo cambios importantísimos, la legislación incorporó disposiciones para fortalecer la participación efectiva de las mujeres, mecanismos para alcanzar al menos 50 por ciento de representación cuando exista subrepresentación y reglas relacionadas con paridad e integración de ayuntamientos.
El Congreso sirve precisamente para eso: para discutir, modificar, confrontar argumentos y construir acuerdos. Medir a una diputada únicamente por el número de iniciativas presentadas sería tan insuficiente como medir a un Congreso únicamente por el número de sesiones que celebra, sin embargo, las cifras permiten exigir.
Durante mi asistencia al Pleno en este segundo periodo, participe, debatí e incluí diversos temas de suma importancia en una de las tribunas más importantes del Estado. Como lo pueden revisar en la página oficial de la Legislatura del Estado de Querétaro, presenté 54 iniciativas, lo cual me permite ser la segunda mujer con mayor productividad legislativa de la actual Legislatura, con ello no pretendo convertir la función de los diputados en una carrera o competencia, lo menciono porque ocupar una curul implica estar, estudiar, presentar, defender y dar seguimiento.
Por otro lado, debo reconocer que siguen en comisión iniciativas relacionadas con los derechos de las personas adultas mayores, economía circular y juventudes, como la propuesta contra la inactividad legislativa que tampoco ha concluido su recorrido pero que seguiré exigiendo, insistiendo y trabajando para que cada una de ellas concluya su proceso.
Tengo bien presente que a Querétaro no le alcanza con funcionarios que simulan trabajar o que presentan datos exagerados, como si fueran perfectos; porque a las y los ciudadanos les interesa que un informe que ocurre una vez al año, les rinda cuentas claras y verdaderas, este ejercicio nos obliga a regresar después y explicar qué pasó con aquello que todavía no se ha resuelto a cada una de las personas que confiaron en nosotros.