Desde hace algunos años, en Querétaro, se ha estado discutiendo sobre los Derechos que las personas tienen ¡Al agua!; recientemente nuestra presidenta Claudia Sheinbaum reveló por qué en la mañanera del pueblo. Hoy les digo que esto, ya no puede reducirse a una discusión de tarifas, recibos o infraestructura. El agua es, antes que cualquier otra cosa, un derecho humano, si algo nos exige el momento actual es asumir que una ley moderna debe responder no sólo a la prestación del servicio, sino a la vida diaria de las personas, a la salud pública, al crecimiento urbano, al campo, al medio ambiente y al futuro del estado.
Esta semana iniciamos formalmente los trabajos de Comisiones Unidas para analizar las iniciativas relacionadas con la legislación hídrica de Querétaro; no es un trámite ni politiquería (como les gusta decirle a los de oposición), se trata de revisar, con seriedad técnica y apertura pública, las propuestas que buscan reformar, adicionar o incluso replantear la Ley que regula la prestación de los servicios de agua potable, alcantarillado y saneamiento en el estado. La importancia de que este trabajo se realice en Comisiones Unidas está precisamente en reconocer que el agua no pertenece a una sola agenda, es un tema municipal, rural, urbano, ambiental, social, sanitario y de desarrollo y por eso deben participar distintas visiones: autoridades, organismos operadores, academia, especialistas, organizaciones ciudadanas, comunidades y ciudadanía en general.
Nuestra nación ya cuenta con una nueva Ley General de Aguas y ese marco nacional nos obliga a armonizar la legislación local, pero armonizar no significa copiar artículos ni cumplir con una formalidad jurídica, significa que debemos preguntarnos si nuestra ley local está preparada para garantizar, en serio, el acceso suficiente, salubre, aceptable, asequible y continuo al agua; si protege el saneamiento como parte del mismo derecho; si evita que la falta de pago derive en una afectación al mínimo vital; si incorpora mecanismos reales de participación ciudadana; y si obliga a planear el crecimiento con base en disponibilidad hídrica y no sólo en autorizaciones urbanas.
Querétaro ha crecido y ese crecimiento también ha generado presiones evidentes como comunidades que enfrentan falta de agua, colonias con infraestructura insuficiente, zonas donde el drenaje y el alcantarillado siguen siendo una deuda, y un debate cada vez más urgente sobre acuíferos, recarga, tratamiento, reúso y captación pluvial. En Querétaro ya no alcanza con administrar la escasez, necesitamos una política hídrica que anticipe, ordene y garantice.
El saneamiento no debe seguir viéndose como un parche secundario, el alcantarillado, drenaje, tratamiento de aguas residuales y reúso son parte de la dignidad de las personas y cuando una colonia no tiene drenaje suficiente, no hablamos sólo de obra pública: hablamos de salud, de desigualdad territorial y de calidad de vida, si el agua residual no se trata adecuadamente, no hablamos sólo de infraestructura: hablamos de medio ambiente, de contaminación y de responsabilidad pública. Vamos a escuchar lo que ya se expresó en el Parlamento Abierto, se plantearon rutas importantes: proteger zonas de recarga, fortalecer la información pública, generar indicadores sobre disponibilidad y calidad del agua, priorizar comunidades rurales y zonas marginadas, vincular la legislación hídrica con el desarrollo urbano y garantizar que la ciudadanía tenga un papel real en la gobernanza del agua.
Por eso, la nueva discusión debe partir de tres principios: derecho humano, evidencia técnica y justicia territorial. Porque el agua no puede tratarse como mercancía ni como privilegio; porque legislar sin datos sería irresponsable y, porque no todas las zonas viven el problema de la misma manera. Querétaro necesita una ley seria, moderna y responsable, que dé certeza pero también que ponga límites; que permita operar los servicios, pero que garantice derechos; que mire a la ciudad, pero también al campo; que piense en la infraestructura, pero también en las personas. Legislar sobre el agua exige altura, técnica y sensibilidad.