La seguridad pública no puede ni debe entenderse como un asunto aislado, desconectado de los municipios vecinos, ni como una reacción tardía cuando los problemas ya están encima. La experiencia, los datos y la realidad nacional lo confirman. Esta semana, en la conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum volvió a poner sobre la mesa un tema que atraviesa a todo el país: la urgencia de fortalecer las estrategias de seguridad desde la coordinación institucional, la prevención y la inteligencia territorial.
El planteamiento que realiza nuestra presidenta tiene una lectura que resulta contundente para nuestro estado.
Durante muchos años, fuimos reconocidos como una “isla” de estabilidad en el centro del país. Esa reputación no fue casual: se construyó a partir del trabajo institucional, el crecimiento ordenado y una ciudadanía comprometida. Sin embargo, existieron métodos y malos manejos como su crecimiento acelerado, su dinamismo económico aún con carencias de recursos naturales y su conectividad estratégica, que trajeron consigo nuevos desafíos. Hoy, Santiago de Querétaro no puede analizarse sin observar con responsabilidad lo que ocurre en su entorno inmediato.
Municipios como Pedro Escobedo o San Juan del Río, por su ubicación clave en corredores carreteros y logísticos, forman parte de una dinámica regional que exige políticas de seguridad coordinadas y una visión compartida. La cercanía territorial entre estas ciudades y la capital del estado hace evidente una verdad incuestionable: los fenómenos delictivos no reconocen límites administrativos. Lo que sucede en una zona impacta, tarde o temprano, en las demás.
Fortalecer desde ahora la seguridad de la capital de Querétaro no es un ejercicio alarmista; debe ser un acto de responsabilidad pública. Invertir en prevención, fortalecer la inteligencia institucional, mejorar la coordinación con los municipios vecinos y, sobre todo, reconstruir el tejido social en colonias y comunidades es apostar por las y los queretanos, de lo contrario, solo es estrategia de posicionamiento político sin un sustento o sentido social o de garantía de los derechos. Las ciudades que cuidan a su gente son aquellas que entienden que la confianza se construye antes de que aparezcan las crisis.
Este enfoque adquiere aún mayor relevancia ante un escenario que representa una oportunidad histórica para la ciudad: la posibilidad de que el estadio Corregidora sea considerado como una de las sedes vinculadas al Mundial de Futbol 2026. Un evento de esta magnitud no solo implica turismo o derrama económica. Implica estándares. Exige demostrar que las ciudades que aspiran a recibir visitantes de todo el mundo cuentan con condiciones sólidas de seguridad, movilidad eficiente y espacios públicos dignos. No se trata solo de infraestructura; se trata de credibilidad.
Si Querétaro busca posicionarse como un punto estratégico en torno al Mundial, debe comenzar a construir desde ahora las condiciones que lo hagan posible. La seguridad, el fortalecimiento del deporte comunitario, la recuperación de espacios públicos y la inversión en infraestructura social que fortalezca la cohesión son solo algunas de ellas. Querétaro tiene todas las condiciones para seguir siendo un referente nacional de desarrollo, calidad de vida y oportunidades. Pero ese liderazgo exige decisiones oportunas y responsables.

