Andrea Tovar

Medalla Jáidar Matalobos

Imaginemos a “Ana”. Tiene diez años, le gustan las matemáticas y siente una enorme curiosidad por entender cómo funcionan las cosas. Cuando le preguntan qué quiere ser de grande, piensa en estudiar ingeniería, astronomía o alguna carrera relacionada con la ciencia. Sin embargo, en nuestra sociedad solo ha escuchado que son carreras demasiado difíciles, que hay pocas mujeres, que tendría que sacrificar su vida familiar o que quizá debería elegir algo más sencillo.

Nadie le ha prohibido convertirse en científica; sin embargo, poco a poco comienza a convencerse de que ese camino quizá no sea para ella.

Ana es un personaje imaginario, pero representa una realidad que debemos cuestionar: ¿cuántas niñas han renunciado a una aspiración antes siquiera de tener la oportunidad de intentarlo? ¿Cuánto talento hemos perdido por los prejuicios que seguimos reproduciendo?

Ayer, el Estado de Querétaro dio un paso para cambiar esa historia con la entrega de la Medalla de Honor Alejandra Jáidar Matalobos, una distinción que tuve la oportunidad de proponer en noviembre de 2024 para reconocer las aportaciones de las mujeres a la ciencia, la tecnología y la innovación. En esta primera edición, la galardonada es la doctora Alejandra Eugenia Medina Rivera, investigadora del Laboratorio Internacional de Investigación sobre el Genoma Humano de la UNAM, en Juriquilla.

La doctora Medina Rivera obtuvo su doctorado en Ciencias Biomédicas y su trabajo se concentra en la bioinformática y la genómica, disciplinas que permiten estudiar, mediante herramientas computacionales, los mecanismos que regulan la actividad de nuestros genes; en junio de este año recibió el Premio Alejandrina 2026 de la Universidad Autónoma de Querétaro, en la categoría de Joven Talento en Investigación.

Su historia demuestra algo que considero importante: en Querétaro tenemos mujeres que están produciendo conocimiento científico de alto nivel y cuyo trabajo merece ser conocido fuera de las universidades y los laboratorios, precisamente por eso elegimos el nombre de Alejandra Jáidar Matalobos, física mexicana que dedicó parte de su vida a acercar la ciencia a la sociedad. Comprendió que publicar investigaciones era importante, pero también lo era conseguir que las nuevas generaciones sintieran curiosidad por el conocimiento.

Ahora bien, entregar una medalla tiene valor, pero las desigualdades que enfrentan muchas niñas y mujeres requieren acciones permanentes, necesitamos que nuestras escuelas despierten vocaciones científicas desde edades tempranas; que existan oportunidades de formación, becas y acompañamiento; que las investigadoras encuentren condiciones para desarrollar sus carreras y que las responsabilidades familiares no terminen convirtiéndose en una desventaja profesional.

Querétaro presume su desarrollo tecnológico, sus universidades y su capacidad industrial, pero ese desarrollo debe traducirse en oportunidades para las niñas que estudian en nuestras escuelas públicas, independientemente de su colonia o de las posibilidades económicas de sus familias.

Me gustaría que la Medalla Alejandra Jáidar Matalobos se convierta en una tradición de nuestro Congreso. Que cada año podamos conocer nuevas historias y acercarlas a las escuelas, a las comunidades y a las familias.

Felicito a la doctora Alejandra Eugenia Medina Rivera y a todas las mujeres que participaron en esta convocatoria. Sus trayectorias merecen reconocimiento, de corazón, espero que alguna niña queretana conozca hoy su historia y, cuando le pregunten qué quiere ser de grande, responda que quiere ser científica y por fin, nadie le quite ese sueño.

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