Andrea Tovar

Opinión. La ciudad no se vende

FOTO. CAPTURA DE PANTALLA

En Querétaro ya no alcanza con anunciar obras, también hay que explicar cómo se van a pagar, qué se sacrifica para hacerlas y quién gana cuando el patrimonio público cambia de manos.

Hace unos días, el presidente municipal defendió la subasta de 12 predios municipales como una forma de obtener recursos adicionales para obra pública, dijo que es una práctica recurrente, que el monto dependerá de si los terrenos se venden o no, y que no habría una disminución permanente del patrimonio municipal porque nuevos desarrollos entregan áreas de donación al municipio, pero ahí está precisamente el punto: una ciudad no puede ver sus predios públicos como simples piezas intercambiables, no es lo mismo un terreno ubicado donde una colonia necesita parque, centro comunitario, cancha, guardería, drenaje o equipamiento, que una futura donación en otro punto de la ciudad.

El acuerdo aprobado por el Ayuntamiento autoriza la enajenación y posterior subasta de 12 predios municipales. En conjunto, esos terrenos suman aproximadamente 74 mil 820 metros cuadrados, es decir, casi 7.5 hectáreas de suelo público, distribuidas en zonas como Santa Rosa Jáuregui, Puertas de San Miguel, Misión de Carrillo II, Real del Marqués, Ciudad del Sol, San Miguel Carrillo, La Purísima, El Salitre y Desarrollo Centro Norte.

¿Por qué esos predios dejaron de ser útiles para la comunidad? El expediente señala que distintas áreas municipales no tenían proyectos previstos en ellos, pero no tener proyecto hoy no significa que la ciudad no los vaya a necesitar mañana. En una capital que crece con presión inmobiliaria, tráfico, falta de áreas verdes, drenajes rebasados y colonias que siguen esperando servicios, vender suelo público debería ser la última opción, no una salida presupuestal ordinaria.

Además, hay una diferencia importante entre lo que se dice políticamente y lo que se lee jurídicamente: mientras el discurso insiste en que el dinero irá prácticamente a obra pública, el propio acuerdo establece que los recursos podrán destinarse a equilibrar presiones financieras en gasto corriente, incluyendo combustibles y mantenimiento de vehículos. No es lo mismo vender patrimonio para una obra específica, con monto, calendario, contrato, beneficiarios y mecanismo de seguimiento, que vender predios para una bolsa amplia donde cabe desde drenaje hasta gasolina. La transparencia no puede llegar después de la subasta; debe existir antes.

El municipio aprobó para 2026 un presupuesto de 8 mil 84 millones de pesos, con un incremento de 6.24 por ciento respecto a 2025, bajo el argumento de finanzas sanas, deuda cero y mejor recaudación, yo me pregunto: si hay finanzas sanas, ¿por qué se necesita vender nuestra ciudad para atender presiones de gasto corriente?

¿Vale la pena perder casi 7.5 hectáreas de suelo público por un ingreso extraordinario que no resuelve estructuralmente las finanzas municipales?

Querétaro no puede crecer vendiendo sus reservas cada vez que el presupuesto aprieta, la ciudad no es del gobierno en turno, es de la gente. Y cuando una ciudad empieza a venderse por partes, es momento de preocuparse.

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