Andrea Tovar

En Querétaro ya no alcanza... ¿Crecimiento Para Quién?

El verdadero desarrollo se mide en cómo viven nuestras familias

Durante las últimas semanas hemos hablado de distintos temas que, vistos por separado, podrían parecer problemas aislados, como el costo de vida, la seguridad, la migración, la salud mental, la movilidad y la vivienda, pero cuando se observan juntos, aparece una realidad más profunda: en Querétaro la vida se está volviendo más pesada para muchas familias.

No se trata de negar lo que la ciudad ha avanzado, pues Querétaro sigue siendo un lugar con enorme valor, con oportunidades, con gente trabajadora y con una historia que muchas personas eligieron para construir su futuro; por ello es importante decir que el crecimiento no puede medirse únicamente por cuánta gente llega, cuántos desarrollos se construyen o cuántas inversiones se anuncian. El verdadero desarrollo se mide en cómo viven nuestras familias, qué tan seguras nos sentimos las mujeres o la calidad de vida que tienen nuestras hijas e hijos.

Una ciudad puede crecer mucho y, al mismo tiempo, volverse más difícil de habitar, cuando el ingreso ya no rinde igual, cuando hacer el súper implica escoger qué si puedes o no comer o tomar algo, cuando la renta sube más rápido que los salarios, cuando comprar una casa se vuelve un sueño cada vez más lejano, entonces el problema no es sólo económico, es un problema de tranquilidad familiar.

Cuando las personas comienzan a cambiar sus horarios o evitar ciertos lugares, vivir siempre en un estado de alerta, el problema no es sólo de seguridad pública, es un problema de libertad: la seguridad no se presume; deben sentirse así todas las ciudadanas y ciudadanos en el transporte, en la colonia, en el regreso a casa. Cuando miles de personas llegan buscando una mejor vida y más seguridad, Querétaro tiene la capacidad de recibir, integrar y fortalecer la dinámica social, la migración no debe verse como amenaza, sino como una señal de que la ciudad es próspera.

Pero si no hay planeación, servicios suficientes, vivienda accesible y movilidad eficiente, esa llegada termina presionando a quienes ya vivían aquí y también a quienes vienen buscando empezar de nuevo. Trasladarse toma cada vez más tiempo, el tráfico consume horas que antes eran para la familia, el descanso o el trabajo; parece que, a las autoridades encargadas de administrar una ciudad, han quitado de sus prioridades la movilidad y bienestar de las personas que decidieron que nuestra ciudad sería su lugar seguro.

Y cuando todo esto se acumula, aparece otro tema que por mucho tiempo fue invisible: la salud mental. El estrés, la ansiedad, la presión económica, la inseguridad, los traslados largos y la incertidumbre también pesan; no son asuntos privados desconectados de la realidad, son consecuencias de cómo estamos viviendo. Por eso, decir “en Querétaro ya no alcanza” no es una frase de queja, es una advertencia. Es una forma de poner sobre la mesa lo que muchas personas expresan en las redes, trabajos, escuela, mientras se transportan o en la colonia: algo está cambiando la manera en que se vive la ciudad.

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