Andrea Tovar

En Querétaro… ya no alcanza

Hay que dejar de medir el éxito por la velocidad del coche y empezar a medirlo por la calidad de vida

En Querétaro ya no alcanza con seguir pensando que movilidad es sinónimo de coches avanzando más rápido. No alcanza porque la ciudad ya cambió, la realidad ya cambió y la visión también. Hoy, en México, la jerarquía es clara: primero las personas que caminan, luego quienes usan bicicleta, después el transporte público y al final el automóvil particular. La pregunta no debería ser cómo modernizar para que más carros circulen en la misma calle, sino cómo garantizar que más personas puedan moverse mejor, de forma más segura y más barato.

Pero la realidad es otra. De qué sirve un plan para “ordenar” la ciudad cuando personas con discapacidad no pueden moverse de forma adecuada, cuando no hay infraestructura o cuando las políticas públicas están dirigiendo el gasto a obras que no son necesarias.

En tres años, el presupuesto de la capital creció casi 34%, pero cuando uno revisa la prioridad real, aparece la distancia entre el discurso y la calle: en 2023, la bolsa etiquetada como Movilidad Integral y Sostenible fue de apenas 2.17% del total. Ahí cabían ciclovías, Qrobici, transporte escolar y transporte extendido. La ciudad creció; la prioridad humana, no. Sería injusto negar lo que sí se ha hecho, como los 29 kilómetros nuevos de infraestructura ciclista, la modernización de Qrobici o los 131 millones al sistema de transporte municipal o el transporte comunitario.

Pero falta asumir que la movilidad no se resuelve sólo con obra vistosa ni reingeniería para tener “la mitad del tráfico”. Se resuelve cuando una silla de ruedas cabe en las banquetas, cuando una madre puede cruzar con su hijo sin jugarse la vida; cuando un estudiante no gasta de más en traslados; cuando un adulto mayor encuentra banquetas continuas, sombra y cruces seguros; cuando la bici deja de ser valentía y se vuelve opción real y se deja de castigar a quien menos tiene.

Porque en Querétaro ya no alcanza. No alcanza con banquetas rotas en una ciudad rica. No alcanza con ciclovías aisladas. No alcanzan TRES MIL MIILLONES DE PESOS en una obra que no contempló movilidad peatonal, ciclista, incluyente y asequible, no alcanza con hablar de modernidad mientras a miles de personas se les va la vida en el tránsito, en estrés y gasto diario. Si de verdad queremos una capital del futuro, hay que dejar de medir el éxito por la velocidad del coche y empezar a medirlo por la calidad de vida. Ahí se juega la ciudad que queremos. Y también la ciudad que hoy, claramente, todavía no somos.

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