El Mundial está por comenzar y Querétaro se prepara para vivirlo en grande. Se ha anunciado que habrá pantallas, conciertos, convivencia, actividades familiares, movimiento económico, turismo y una capital que, durante varias semanas, tendrá el futbol como punto de encuentro, claro que es una buena noticia, pero en una ciudad que crece y recibe eventos masivos y que presume calidad de vida, las autoridades deben hacerse una pregunta de fondo: ¿cómo se cuida a las familias, a las juventudes y a quienes participan en estos espacios de convivencia?

Organizar una fiesta no es solamente abrir el estadio, colocar pantallas en plazas públicas o anunciar conciertos. Una fiesta pública implica prever riesgos, ordenar la movilidad, regular la venta de alcohol y más importante aun, evitar que menores de edad estén expuestos a situaciones de riesgo.

En Querétaro ya no alcanza con decir que habrá vigilancia. Todas las personas que vivimos en esta ciudad necesitamos claridad, prevención y resultados. No se trata de estar en contra de la convivencia, ni de asumir una postura prohibicionista, al contrario, se trata de entender que la convivencia también requiere responsabilidad pública.

No debemos olvidar que hace semanas hubo fiestas clandestinas donde fueron localizados menores de edad consumiendo alcohol o donde hubo consecuencias fatales y que gracias a ello, pretenden criminalizar a nuestros menores de edad con leyes inconstitucionales; esto no debe verse únicamente como nota roja o como un escándalo de un día, debe leerse como una alerta. Pongámonos en los zapatos de madres y padres de familia que se preguntan ¿dónde están conviviendo nuestras juventudes?, ¿quién supervisa?, ¿qué alternativas seguras tienen?, ¿cómo se acompaña a las familias?, ¿qué están haciendo las autoridades antes de que el problema ocurra?

El Mundial abre una oportunidad para hablar de juventudes no solo cuando hay una clausura, una detención o una emergencia, Querétaro puede empezar a hablar de juventudes desde la prevención, el cuidado y la construcción de comunidad. La vida nocturna, los bares, los conciertos, los eventos deportivos y los espacios de reunión no van a desaparecer, forman parte de la dinámica de una ciudad viva, pero precisamente por eso deben ordenarse mejor.

Una ciudad moderna no es la que simplemente permite todo ni la que prohíbe todo; es la que sabe cuidar y eso significa que haya transporte seguro para llegar y regresar, que las familias sepan qué protocolos existen para que la venta de alcohol esté realmente supervisada. Cuidar significa que no haya menores de edad en espacios donde su vida se ponga en riesgo, significa que Protección Civil, seguridad, inspección, empresarios, escuelas y familias trabajen con una misma lógica: prevenir antes de lamentar.

Las juventudes no son el problema; el problema es una ciudad que no les ofrece suficientes espacios seguros, sanos, accesibles y atractivos para convivir. Criminalizar a las y los jóvenes no resuelve nada.

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