Andrea Tovar

Antes de las aspiraciones

¿Estamos invirtiendo para resolver las causas del deterioro o para reparar sus consecuencias?

Querétaro tiene un defecto: mientras los gobiernos actuales presumen una ciudad que avanza, quienes la habitamos seguimos enfrentando problemas que debieron resolverse hace años. Calles deterioradas, colonias que esperan mejores servicios, traslados cada vez más complicados y un crecimiento urbano que parece ir siempre un paso por delante de la planeación.

Desde hace dos años, la administración municipal convirtió una palabra en el eje de su discurso: orden. Primero apareció como principio de gobierno, incluso llegó a verse tan auténtico que pareciera estar acusando al anterior presidente municipal de no haber hecho bien el trabajo (aun siendo del mismo partido) y, después, como mensaje central de su segundo informe; sin embargo, vale la pena preguntarnos qué significa realmente vivir en una ciudad ordenada.

En febrero de 2025, el Ayuntamiento aprobó el Plan Municipal de Desarrollo 2024-2027; entre sus compromisos figuraban ordenar el crecimiento de la ciudad, mejorar los servicios públicos, recuperar espacios y proteger el medio ambiente. Son objetivos razonables con los que difícilmente alguien estaría en desacuerdo, pero el principal problema es medir los resultados. En julio de este año, la propia Secretaría de Obras Públicas municipal informó que durante 2026 había reparado cerca de 9 mil 500 baches y atendido más de 26 mil reportes ciudadanos desde el inicio de la administración, con una inversión acumulada superior a 72 millones de pesos.

Reconozco el trabajo de quienes reparan nuestras calles todos los días; sin embargo, estas cifras permiten que veamos mucho más a fondo: ¿por qué es necesario intervenir tantas veces las vialidades? ¿Estamos invirtiendo para resolver las causas del deterioro o destinando recursos públicos a reparar sus consecuencias?

Con la movilidad ocurre algo parecido; el gobierno municipal reportó más de cinco millones de viajes gratuitos mediante sus distintas modalidades de transporte comunitario y, ese es un esfuerzo que merece reconocimiento, sobre todo porque beneficia a personas que antes enfrentaban dificultades para trasladarse; no obstante, contabilizar viajes no equivale necesariamente a mejorar todo el sistema de movilidad. También necesitamos saber cuántas personas redujeron sus tiempos de traslado, qué comunidades siguen sin cobertura suficiente y cómo se articulan estos servicios con el transporte estatal.

Hablemos del crecimiento inmobiliario que durante años han celebrado la llegada de inversiones, nuevos desarrollos y centros de trabajo. Este crecimiento genera oportunidades, pero también demanda infraestructura hidráulica, vialidades, equipamiento urbano y servicios suficientes ¿Quién verifica que esos servicios existan antes de autorizar nuevos desarrollos? ¿Cuánto cuesta atender después aquello que debió planearse desde el principio?

Como diputada y habitante de esta capital, considero que debemos reconocer que una obra no implica por si sola resultados favorables o desfavorables; cuestionar una decisión tampoco significa desconocer lo que sí funciona. Querétaro necesita una conversación seria sobre sus prioridades: una en la que el presupuesto se explique a partir de los problemas que resuelve y las autoridades respondan por los compromisos que asumieron.

Estamos entrando en una etapa en la que, inevitablemente, se hablará del futuro político de nuestra ciudad. Habrá nombres, aspiraciones y proyectos; es parte de la vida democrática, pero sería un error permitir que la discusión se concentrara únicamente en quién quiere gobernar. Antes, deberíamos preguntarnos qué ciudad queremos construir, qué problemas estamos dispuestos a reconocer y qué decisiones tendremos que tomar, incluso cuando resulten incómodas.

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