Perú ha entrado en una nueva espiral de crisis políticas, después de un periodo de 11 años de recuperación y crecimiento importantes. En los últimos 10 años, el país ha tenido 9 presidentes; tomando en cuenta que el periodo de gobierno es de 5 años, el Congreso destituyó un mandatario y nombró a otro de 83 años de edad, el cual es considerado como de extrema izquierda, muy cercano a China, lo que no augura nada bueno para el país.
Después de la época en que el narcoterrorismo, principalmente de Sendero Luminoso, se enseñoreó del país, asumió Alberto Fujimori, que rigió 2 períodos, de 1990 a 2000, y renunció al poco tiempo de su tercer periodo, desde Japón. Su gobierno, si bien no estuvo exento de corrupción (lo que le llevó a la cárcel), terminó con mano dura los restos guerrilleros, para dar paso a un periodo de 11 años, con 4 gestiones presidenciales, 3 de ellas prolibre mercado.
Al finalizar esta etapa, Perú ha vuelto a las andadas y se orilla a la anarquía. El principal problema es su paulatina dependencia con China, actualmente su principal socio comercial; en el periodo de Donald Trump, esto conlleva muchas dificultades. Las presiones son muchas y muy fuertes, pues las inversiones chinas son considerables y existe un punto de fuerte disputa, entre muchos otros: el enorme puerto de Chancay, al norte de Lima.
El pasado 17 de febrero, el Congreso peruano votó la destitución del presidente interino José Jeri, después de la destitución de su predecesora y luego de apenas 4 meses de gobierno. El joven Jeri fue acusado de reunirse clandestinamente con un empresario chino, poseedor de muchas empresas que abarcan desde seguridad hasta construcción de presas hidroeléctricas, lo que contradijo sus abiertos intentos de alejarse de la influencia china y acercarse a la norteamericana. Posteriormente se reunió con otros empresarios chinos, uno de ellos acusado de pertenecer a una organización criminal que trafica madera. El tema es que lo botaron, muy probablemente por parte de sus enemigos, influyentes políticos hoy cercanos a los chinos.
Su antecesora, Dina Boluarte, la primera presidente del Perú y que gobernó 2 años y 9 meses, también fue destituida por el Congreso, ante su incapacidad de disminuir la creciente crisis de inseguridad del país. Hay que recordar que nuestro anterior presidente llegó a llamarla “presidenta espuria” entrometiéndose en los asuntos internos peruanos y que el ahora expresidente José Jeri rompió relaciones con nuestro país al asilar a la ex primera ministra Betsy Chávez.
El nuevo presidente, José María Balcázar Zelada, de extrema izquierda, enfrenta cargos previos de diversa índole. Sólo gobernará 5 meses y deberá entregar el cargo el 28 de julio al ganador de las elecciones del 12 de abril.
Perú es un caso de estudio sobre la colusión de políticos corruptos con inversores chinos que no dudan en “aceitarlos” para lograr ventajas estructurales en países donde pretenden expandir su estrategia para alcanzar no sólo ventajas comerciales, sino de influencia política para competir y confrontar a EU.
Maestro en Administración Militar para la Seguridad y Defensa
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