Sin haber terminado con la serie de amenazas que ha estado enfrentando Israel con el mundo árabe, tanto por el lado sunnita como del chiita (Irán), desde hace tiempo se perfila en el horizonte un nuevo adversario, que casi inadvertidamente ha ido incrementando su poder y su influencia, al tiempo que en fechas recientes ha anunciado claramente represalias en su contra. Se trata de Turquía.
Este país, y particularmente su liderazgo actual, mantienen propósitos y objetivos que se fundamentan gracias a la nostalgia del viejo Imperio Otomano que proviene desde 1299 y que alcanzó su mayor expansión y poder en diversos momentos de los siglos XVII y XIX.
Su declive llegó cuando se alió a Alemania, el Imperio Austro-Húngaro y Bulgaria en la Primera Guerra Mundial, que perdieron en 1918; el país fue ocupado por los aliados vencedores y se declaró una guerra de independencia que terminó en 1922.
Turquía perdió la mayor parte de su territorio que comprendía la actual Saudiarabia, Siria, Irak, Palestina y Líbano.
En este lapso, desde 1915, ocurrió el terrible genocidio armenio a manos turcas, evento no reconocido hasta la fecha y que resultó entre 600 mil y 1.5 millones de armenios muertos.
Con estos breves antecedentes, Recep Tayyip Erdogan es presidente turco desde 2014 y previamente fue su primer ministro, siendo una figura que ha alcanzado un considerable liderazgo en su país y que pretende emular la influencia de sus antecesores califas del Imperio Otomano. Lo peligroso de esta postura es que están en riesgo los Balcanes, el norte de África, Líbano, Siria, Iraq y Armenia, zonas de ocupación otomana en tiempos pretéritos.
Pese a pertenecer a la OTAN, Turquía ha adquirido armamento ruso y ha maniobrado un doble juego en las recientes acciones militares norteamericanas en contra de Irán.
Erdogan es responsable de las masacres contra la población kurda de su propio país, así como la de Siria; es considerado un fundamentalista islámico y un personaje autoritario.
Se le señala de financiar, junto con Irán, al grupo terrorista Hamás y dar asilo a sus milicianos; intervino en el conflicto de Armenia con Azerbaiyan en 2020 para que éste último se hiciera con una franja del país armenio, lo mismo que en la segunda guerra civil en Libia para sacar ventajas geoestratégicas en el Mediterráneo.
Hay que recordar, además, la ocupación turca del norte de Chipre en 1974, para tener una noción más clara del actual despliegue turco en el Mediterráneo, en los Balcanes y en Palestina, Israel incluido.
Las amenazas de Erdogan contra Israel se han dado por lo que considera atrocidades de este país contra la población palestina y contra Líbano.
El dirigente turco ha llegado a afirmar que Jerusalén pertenece a Turquía y apenas en julio del año pasado ha develado la puesta en demostración de su bomba termobárica “Gazap”, que puede destruir una ciudad entera.
La situación en Oriente Medio, lejos de acercarse a una solución, se complica cada día, ahora con la irrupción de una potencia media que puede inclinar varias balanzas en la región.
Maestro en Administración
Militar para la Seguridad
y Defensa Nacionales