Apenas mencionábamos el discurso del secretario de Estado Marco Rubio en la Conferencia de Seguridad de Munich del 14 de febrero como polivalente (pues ahí habló de Civilización Occidental y de Herencia Cristiana), cuando un muy importante teórico de su país publica un artículo que pretende poner los puntos sobre las íes respecto a lo que hemos venido señalando como confuso, dentro del denominado movimiento de “derecha” internacional.

Francis Fukuyama, uno de los principales teóricos impulsores de la globalización de los años 80, fue miembro del equipo del Departamento de Estado, trabajando para los presidentes Reagan y Carter, y se hizo famoso por su libro El fin de la Historia y el último hombre; en él afirmó que la economía de mercado y la democracia liberal que se practican en Estados Unidos son lo más elevado a lo que pueden aspirar las sociedades.

En su reciente artículo, Fukuyama sostiene que pensadores como Tocqueville, Hegel y Nietzsche comprendieron que el cristianismo dio origen a la democracia liberal moderna, pero que la civilización occidental se desprendió de cualquier identificación manifiesta con la religión porque después de la Reforma Protestante, los europeos se pasaron los siguientes 150 años matándose entre sí por diferentes interpretaciones de la doctrina cristiana. Por ello, el protestantismo generó un estilo de vida muy diferente al del catolicismo.

Fukuyama afirma que existe una comprensión de la civilización occidental muy diferente a la que propone Rubio, que se basa en el propio liberalismo y que abarca valores de la Ilustración. Esta versión de la civilización occidental relegó el papel de la religión en la política. Escribe que le da pena recordarle a Rubio que “su herencia y ascendencia particulares nos remontan a un Imperio Habsburgo autoritario y católico”, mientras que las de Monroe y Jefferson “nos llevan a una parte de Europa protestante muy diferente y más liberal”.

Concluye su artículo diciendo que la única manera de contrarrestar ideas reaccionarias como las de Rubio es comprender cómo evolucionó la civilización occidental y cómo se define hoy por los valores liberales de la Ilustración, “originalmente arraigados en la fe cristiana”. Son estas ideas las que definen nuestro estilo de vida, y “por las que deberíamos estar dispuestos a luchar y morir hoy”. Ni más ni menos.

Este pensamiento está íntimamente ligado al movimiento “norteamericanos de herencia” (heritage americans), impulsado por Trump y sus seguidores, que sostiene que los únicos verdaderos estadounidenses son los que pueden demostrar pureza ancestral, lo que no tiene nada de nuevo, pues remite a los prevalecientes WASP (white anglo saxon protestants).

Entonces, la derecha que hoy vemos es un amplio conglomerado en el que caben un Milei (fan de Trump), muchos católicos; protestantes de todo tipo, sobre todo norteamericanos, como la pastora que hace exorcismos como posesa; populistas a lo Trump y nacionalistas que tratan de aliviar los desastres de los gobiernos de izquierda. El punto de encuentro es esto último.

Maestro en Administración Militar para la Seguridad y Defensa Nacionales

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