En estos días se lleva a cabo la glosa del Segundo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. Tras evaluar la política exterior la semana pasada, el Congreso analiza ahora los rubros económico y de política social. Más allá de la narrativa institucional, cabe preguntarse: ¿cuáles son los resultados reales y cómo van las cosas?
En el ámbito internacional, el informe presidencial enfatiza una supuesta cooperación sin subordinación con Washington, la defensa de la soberanía y una revisión del T-MEC en condiciones de igualdad. Este ha sido el discurso recurrente de la llamada Cuarta Transformación, especialmente al reaccionar ante los señalamientos de las autoridades norteamericanas contra ciertos personajes del movimiento oficialista. Sin embargo, la mandataria omite el costo de esta postura: ¿cómo exigir respeto a la soberanía nacional cuando, por proteger a un puñado de individuos, se compromete la relación bilateral más importante del país?
La realidad con el vecino del norte no es alentadora. Aunque en las últimas semanas el presidente Donald Trump ha moderado su retórica, la presión estructural continuará mientras persistan acuerdos de impunidad con personajes bajo sospecha, como el gobernador Rocha Moya. Mantener esa protección sí vulnera la soberanía, pues opera como una espada de Damocles que deja al Estado mexicano en una posición de coacción permanente. Asimismo, en torno al T-MEC, es un exceso afirmar que las negociaciones avanzan con éxito cuando Estados Unidos busca imponer una revisión anual y fragmentar el acuerdo de libre comercio.
En materia económica, el panorama es aún más complejo. El informe destaca una supuesta solidez fiscal y la contención inflacionaria. No obstante, las cifras oficiales contradicen el optimismo: ¿cómo hablar de finanzas sanas con una tasa de crecimiento económico que apenas alcanzó el 0.8%? ¿Cómo presumir estabilidad cuando la deuda pública total ronda los 19 billones de pesos, de los cuales más de 10 billones fueron heredados directamente de la gestión de su antecesor?
Hay que ser claros y rigurosos: la economía mexicana está estancada. La inflación ya rebasó el 4% en su medición anualizada y el ingreso real de las familias no crece al mismo ritmo. Si bien el informe presume un récord de más de 22 millones de empleos formales afiliados al IMSS, omite un dato alarmante: en el último año se perdieron más de 30 mil registros patronales, mientras que más del 50% de la población económicamente activa sobrevive en la informalidad, sin seguridad social ni prestaciones.
El tercer eje en disputa es la política social, el pilar sobre el cual la 4T sostiene su vigencia electoral. Sin embargo, la efectividad del discurso se diluye cuando los propios beneficiarios deben utilizar sus transferencias económicas para cubrir las omisiones del Estado. ¿Qué beneficio real tiene recibir una pensión o una beca si gran parte de ese dinero debe destinarse a comprar medicamentos básicos por desabasto?
Solo para dimensionar el tamaño del retroceso. En 2018 solo 16 personas por cada 100 tenía carencias de salud. Hoy ese número se ha duplicado a 35, tan solo en 8 años. Así, el dinero entregado termina subsidiando las fallas del sistema de salud, la educación, el encarecimiento de la canasta básica y otras áreas del gobierno.
En este contexto, estamos ante un informe diseñado a modo, con cifras seleccionadas por conveniencia y resultados difícilmente verificables. Como ciudadanía, es nuestra responsabilidad realizar un análisis crítico y agudo frente a estos documentos; de lo contrario, corremos el riesgo de sustituir los indicadores de la realidad y estancarnos en el discurso de la simulación y la retórica electoral que el oficialismo nos quiere imponer.