Cada 8 de marzo, las calles de México se llenan de voces y rostros que claman por igualdad, seguridad y justicia.

El Día Internacional de la Mujer, conocido como 8M, representa más que una fecha en el calendario: es el reflejo de una lucha histórica que, en el contexto mexicano, se vuelve urgente.

Por lo menos del 2018 para acá hemos visto que las manifestaciones se han tornado cada vez más duras y violentas. Más allá de nuestra opinión, es importante preguntarse ¿realmente estas acciones están justificadas? ¿Realmente sigue tan abierta la herida? Veamos las cifras:

De acuerdo con información del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad, 2025 cerró con 725 feminicidios en el país, una cifra ligeramente menor respecto a años anteriores, pero que apenas alcanza el nivel de 2017. Y por lo que ve a enero de 2026, ya se contabilizaron 54 feminicidios, sin contar aún la estadística de febrero. Morena, partido que actualmente gobierna las entidades con mayor incidencia de feminicidios (Sinaloa, Ciudad de México, Estado de México y Tamaulipas) enfrenta el reto de revertir los errores del pasado, pues tan solo estas cuatro entidades concentran el 40% de los casos.

En cuanto a homicidios dolosos contra mujeres, 2025 cerró con 2 mil 73 casos, también regresando a los parámetros de 2017. Aunque hay una reducción en los homicidios dolosos, los homicidios culposos, catalogados como “accidentes”, han aumentado un 10% entre 2023 y 2025. Este fenómeno puede indicar una de dos cosas, o realmente la estrategia de seguridad está funcionando, o en realidad existen subregistros donde homicidios dolosos son clasificados como culposos para bajar las cifras.

También la desaparición de personas es otro indicador que preocupa. El 2025 finalizó con 133 mil 520 personas desaparecidas, de las cuales 37% son mujeres (12 mil 474). En comparación con 2024, las cifras aumentaron 12%. Desde 2017, existe una tendencia al alza, especialmente en el caso de mujeres desaparecidas.

Por otro lado, las lesiones dolosas contra mujeres alcanzaron más de 80 mil casos en 2025, el año más violento desde que hay registro (2015).

Solo en enero de 2026, se reportaron 5 mil 885 casos, lo que significa un aumento de 29% respecto al mismo mes del año anterior. El Estado de México lidera la estadística con 2 mil 48 casos, representando 34% del total nacional.

La corrupción de menores es otro delito que ha ido en aumento desde 2019, alcanzando 2 mil 373 casos en 2025. En enero de 2026, se registraron 168 casos, superando el mismo mes de 2025. Este delito afecta principalmente a mujeres (66%).

Aunado a todo lo anterior, ¿qué pasa con la igualdad de oportunidades?

De acuerdo con el Inegi, la tasa de participación de mujeres en el ámbito laboral es de 46%, apenas cuatro de cada 10 mujeres tienen o buscan empleo. En la última década, este indicador solo avanzó 3.2%, situando a México entre las economías de la OCDE con menor incorporación femenina. La desigualdad social es evidente: en promedio, las mujeres dedican 35 horas semanales al trabajo remunerado, un 20% menos que los hombres, pero emplean 42 horas semanales en labores domésticas y de cuidados, 121% más que los hombres.

El salario promedio femenino es de 83 pesos por cada 100 que gana un hombre, y en la informalidad esta diferencia alcanza 25%. El 55% de las mujeres trabajadoras están en la informalidad, principalmente por la falta de flexibilidad para atender asuntos familiares o personales.

Ante este panorama, el movimiento 8M cobra una relevancia crucial. Las marchas, manifestaciones y acciones colectivas buscan visibilizar el dolor, la rabia y la esperanza de millones que exigen un país más seguro, justo y equitativo. Los datos reflejan avances limitados y la persistencia de brechas estructurales, pero también la fuerza de un movimiento que, año con año, se convierte en el motor de transformación social.

Google News

[Publicidad]