La confianza es uno de los valores que se ha ido perdiendo constantemente en la política y ello se debe, en gran parte, por la falta de compromiso de quienes hacen promesas y las incumplen.

Prueba de ello es una de las principales propuestas que impulsó Morena en el pasado proceso electoral, y que incluso enarboló la ahora presidenta de México: la disminución de la jornada laboral a 40 horas por semana.

Cuando se difundió tal promesa la idea que se generó en la población era muy básica y lógica: 5 días de trabajo por 2 de descanso. No obstante, en diciembre del año pasado, la presidenta de la república (orillada en gran medida por las presiones del sector obrero), presentó la iniciativa correspondiente con varios matices que, en el fondo, terminan por desvirtuar la propuesta.

¿Qué propone el partido oficial? Disminuir la jornada laboral a 40 horas semanales, pero manteniendo los 6 días de trabajo. Para ello, sí limita el número máximo de horas de una jornada ordinaria, pero amplía el espectro de las horas extras, a tal punto que una persona podría trabajar hasta 12 horas extras en una semana, cuando la Ley actualmente limita ese tema a 9 horas. Además, maneja un esquema de aplicación gradual que lo vuelve inoperante, con una disminución de dos horas cada año, hasta concluir el periodo en el 2030.

Estos cambios han decepcionado a gran parte de la población, pues han dejado claro que Morena jugó nuevamente con la confianza de la gente, prometiendo cosas que al final no pretendía cumplir.

Seamos claros. México es uno de los países con las jornadas laborales más largas del mundo, ocupando frecuentemente el primer o segundo lugar entre los países de la OCDE, con un promedio superior a las 2 mil 300 horas anuales por trabajador. A eso, cabe sumarle el tiempo de traslado para llegar a los centros de trabajo, horas y días extras no contabilizados y el estrés constante por requerimientos extralaborales, impulsados sobre todo por la inmediatez del celular. Con todo esto, la calidad de vida de las y los trabajadores se ve afectada sensiblemente, pues además de cumplir con sus actividades laborales, están sujetos a las presiones adicionales de la vida diaria como el tráfico, la inseguridad o la crisis económica.

Esta situación genera un círculo vicioso donde el desgaste físico y mental impacta directamente en la productividad, la salud y las relaciones personales de los trabajadores. El exceso de horas laborales, sumado a las complicaciones cotidianas, provoca que muchos empleados apenas dispongan de tiempo suficiente para convivir con su familia, descansar adecuadamente o atender su bienestar.

En una exigencia mínima de respeto a la dignidad humana, es que el PRI reitera y exige que se cumpla cabalmente con la promesa realizada y se modifique la Ley Federal del Trabajo para que sean dos días de descanso a la semana y que el régimen de horas extras no sea modificado.

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