Ni el racismo, ni el clasismo evitaron que Benjamín iniciara un proyecto de vida en Querétaro | Querétaro

Ni el racismo, ni el clasismo evitaron que Benjamín iniciara un proyecto de vida en Querétaro

La decisión de venir, junto con sus cuatro hijos, surgió de dos momentos: un discurso gubernamental que alentaba a la inversión en el estado y cumplir el anhelo de su esposa, quien es originaria de la Sierra Gorda

Ni el racismo, ni el clasismo evitaron que Benjamín iniciara un proyecto de vida en Querétaro

Ni el racismo, ni el clasismo evitaron que Benjamín iniciara un proyecto de vida en Querétaro Foto: Demian Chávez

Nuevos Queretanos 01/04/2022 06:22 Estrella Pérez Actualizada 13:30

El 7 de abril del 2017, Benjamín Ayina llegó a vivir a Querétaro, un estado que desde el centro del país le ha dejado desde gratas experiencias hasta grandes sinsabores

Él es originario de Montreal, Canadá; allá conoció a Diana Rangel, su esposa y madre de cuatro hijos. Hace cinco años decidieron emprender el sueño de Diana: regresar a vivir a su tierra, ella es originaria de Jalpan de Serra.

Entonces, establecieron La Bottega Supermarket, un negocio que abrió su primera sucursal el 7 de diciembre del 2018 y actualmente cuenta con tres sucursales (El Refugio, Zibatá y San Miguel de Allende).

“Es un supermercado, el súper más cerca para la gente, encuentran todo lo que pueden encontrar en un supermercado, pero  más cerca de su casa, a un precio justo y con un servicio distinguido”, cuenta Benjamín.

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La decisión de venir a Querétaro, junto con sus cuatro hijos, surgió de dos momentos: un discurso gubernamental que alentaba a la inversión en el estado y cumplir el anhelo de Diana.

“Uno fue cuando Pancho Domínguez dio su discurso y tomó el poder, hablando que a los inversionistas extranjeros se les [iban] a facilitar las cosas, para que Querétaro sea un buen lugar para invertir y  hacer cosas.  En segundo, mi  esposa es mexicana, además queretana, de la Sierra Gorda. Tenemos hijos, decidimos agarrar la palabra de Pancho y cumplir el sueño de mi esposa, quien  soñaba con regresar a su tierra”, agrega.

Reconoce que al llegar a México, el primer momento fue extraordinario: sentir el cálido clima fue una experiencia única.

“Honestamente fue extraordinaria la experiencia, llegando a México: el sol y todo, venimos de un lugar muy frío, pero llegando aquí abrazamos a la familia de mi esposa, que me recibieron bien,  hemos tenido un muy buen acogimiento”, dice.

Cuando llegó a México, Benjamín no hablaba español; pero tras cinco años lo pronuncia claramente. Recordar su llegada al país implica rememorar tres momentos complejos a los que se ha enfrentado, enmarcados por el racismo.  

“Yo no hablaba español, el español que hablo contigo, aquí se aprendió, en Querétaro. El inicio de la integración fue difícil, primero por el idioma, segundo por ser extranjero y tercero por el color. Ser moreno no es tan fácil”, comenta.

Benjamín refiere que fue una sorpresa encontrarse, hasta la fecha, con actitudes racistas y clasistas, de los queretanos, pero también de mexicanos hacia mexicanos; una situación que contrasta con la multiculturalidad que vivía  en Canadá.

“Me sorprendió mucho la parte de integración. Todos tratan de ser amables, pero no puedes ser amable,  criticar y rechazar. Me topé con el clasismo, el racismo. Primero el clasismo cuando vi que entre el mexicano mismo hay un clasismo muy fuerte: porque el otro viene de Chiapas, porque es chaparrito, porque el otro es de ojo azul”, destaca el canadiense.

Por el contrario, a su país de origen, señala, le da vida la diversidad cultural. Vivir en México le ha generado gratas, pero también amargas experiencias, incluso en el proceso para abrir La Bottega, debido a que en las instancias gubernamentales también fue discriminado.

“Es un conflicto para mí, vengo de un país que pertenece al multiculturalismo: ¿Quién construye Canadá? Son puros extranjeros: mi vecino era hindú, japonés, chino, árabe y todos somos canadienses, no hay problema. Llego aquí y hay ese conflicto de clasismo y de racismo. Yo como extranjero para empezar este proyecto, para hacer trámites, fue muy complejo, iba a un lugar y la gente me miraba raro”, platica.

Explica que se ha encontrado con dos comportamientos opuestos: quienes se interesan por conocerlo y quienes le han dejado agrios recuerdos.

“Hay gente que son admiradores, curiosos de conocerte y otros que te rechazan porque eres extranjero, negrito. Yo aprendí esa palabra aquí, escuché tanto el: pinche negrito, que se me grabó y no lo olvido nunca. Voy al SAT para hacer trámites para mi negocio y me dicen: ¡Siéntate ahí, cuando esté listo te aviso! Pasan horas y me dicen que el tiempo de la cita ya pasó, que tome otra  y me dicen: aquí es México pinche negrito, siéntate ahí. Tantas cosas que estaba sorprendido”, comenta.

Para Benjamín fue sorpresivo enfrentarse a este tipo de situaciones. Recuerda que cuando acudió al SAT, a quien lo atendió y discriminó le hizo ver que tienen raíces en común.

“Entendí que hay mucha ignorancia en la cultura, hay mucha gente que no tiene cultura, que no saben de dónde son y a dónde van. Eso fue con lo que me topé durante mis primeros dos o tres años en este país. Hay clientes que vienen a mi tienda, les quiero atender y no quieren porque soy negro, si llego a la caja se van, aquí en Zibatá, aquí en Querétaro. Hay veces que a tu propio empleado al que le pagas te insulta”, resalta.

Frente a estas adversidades, Benjamín y su familia han encontrado a nuevos amigos, incluso una nueva familia; a clientes, a conocidos que apoyaron los inicios de su negocio y de su estancia en México, entre ellos personas que hoy considera como sus hermanos.

“La integración aquí no fue fácil para mí. Hay otros a los que tal vez les fue fácil. Esta es mi historia.  Pero a pesar de todo he encontrado gente extraordinaria y que me echaron la mano, que me apoyaron, que me guiaron, que hoy les llamo hermanos”, relata.

Al hacer un balance de su llegada a México, refiere que el resultado es positivo: pues la discriminación no detuvo sus aspiraciones ni sus proyectos, por el contrario: tiene firme el propósito de contribuir con el lugar que habita, de ser propositivo y de integrarse a su entorno.

“Mi integración global fue positiva al final, porque logré la meta que tenía, a pesar de todos los impedimentos, de los detalles, de la piedra en el camino, no me paro (…) Vengo a una tierra, vengo a echarle ganas, a contribuir con la sociedad de aquí, a integrarme (…) Hay de todo en cualquier país; esa fue mi historia, pero nunca voy a olvidar este lugar, porque este lugar me ha marcado tanto, en la parte buena y mala, pero me voy a quedar con la parte buena”, expresa.

Cual sea el tiempo que viva en el estado, asegura, tiene el objetivo de propiciar un legado cultural, de servicio, de entendimiento, de civismo. Y fomentar una multiculturalidad que se aprecia desde su negocio, donde sus plantillas de colaboradores han estado integradas por mexicanos, por extranjeros, por personas de talla baja, por personas de talla media; y donde los clientes al salir encuentran un mensaje de agradecimiento en los idiomas que  fueron grabados en la señalética.

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