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Uriel Sánchez del Valle es un joven de 24 años de edad, que realiza diseños de bolsas en manta, un emprendimiento que le ayuda a potenciar su creatividad y ayudarse con sus gastos.
Fue diagnosticado con trastorno de espectro autista, lo que no ha sido impedimento para abrirse camino en la vida, pues destaca por su deseo de seguir estudiando, superarse y explorar su creatividad.
Tras haber participado en un grupo llamado “Unidos” hace más de un año, le nació la idea de pintar bolsas de manta y venderlas, lo que ha hecho en diferentes espacios, con apoyo de su mamá, Patricia del Valle.
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“Son bolsas de manta, yo mismo las pinto, pueden ser personajes, imágenes, comida, cualquier cosa que quieras. Es ambas, lo que me piden y lo que me gusta”, dijo Uriel.
Señala que en algunos diseños se tarda media hora, en otros una hora y en algunos, que son más complicadas, dos horas. Cada bolsa la vende en 130 pesos.
“Es un pasatiempo, es para matar el tiempo. El dinero que gano lo utilizo para comprarme lo que sea, ir al cine o comprar lo que necesito, y también estoy ahorrando dinero”, menciona.

Cuando no acude a eventos, oferta y expone sus diseños por medio de las redes sociales, en una página de Instagram llamada uri_creativo, además cuenta con un perfil de Youtube, donde sube videos.
Uriel terminó la preparatoria y le gustaría acudir a la universidad para estudiar gastronomía o astronomía, porque le gusta mucho cocinar, así como lo relacionado con el universo.
También es cinéfilo, le encanta hablar de cine, y un día quiso entrar a trabajar a Cinépolis, a donde acudió a hacer su entrevista de trabajo, pero no le llamaron; por lo que mientras encuentra un trabajo estable, sigue creando diseños en bolsas.
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Para la señora Patricia del Valle no ha sido fácil impulsar a Uriel, pero su amor de madre todo lo puede, y ella junto con su esposo e hija, continúan apoyándolo.
“Son bolsas de manta las que pinta mi hijo, son completamente artesanales, no tiene una técnica en específico, a él simplemente se le ocurrió, porque tuvo una actividad en un grupo que se llama ‘Unidos’, pintó una bolsa y le gustó”, refiere. Comenta que el autismo se considera una discapacidad psicosocial, y es hasta ahora cuando comienza a hablarse más abiertamente del tema en el ámbito social.
“Todo ha sido complicado, desde pequeñito, ya tiene 24 años, ahorita hay un poquito más de difusión sobre el autismo, pero cuando él era pequeño no la había. Desde tocar puertas para buscarle cupo, buscar escuelas, había escuelas en aquel entonces que se decían inclusivas, y no lo eran, entraba nada más como guardería y no avanzaba, fue muy complicado, pero hemos ido avanzando, afortunadamente sí nos hemos encontrado con personas empáticas que nos han querido apoyar, y acabó ya la preparatoria”, señala.

Después de que Uriel concluyó la preparatoria no sabían hacia dónde ir, por lo que, como familia, buscan opciones para que siga estudiando, o pueda emplearse en algún lugar.
“Quiere entrar a la universidad, buscamos una escuela que se pueda adaptar a sus necesidades y que apoyen sus habilidades sin enfocarse en sus limitaciones, porque tiene limitaciones y muchísimas habilidades, queremos encontrar una universidad en la que pueda pueda desarrollarse”, agrega.
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