Triquis: así es la lucha por mantener su identidad en Querétaro

El grupo que llegó a Querétaro hace 3 décadas ha tenido que aprender a defenderse legalmente para superar el embate político

Triquis: así es la lucha por mantener su identidad en Querétaro
Foto: Mitzi Olvera
Nuestras Historias 07/12/2021 08:12 Estrella Pérez Actualizada 09:01

La mixteca baja de Oaxaca entraña sus orígenes. Hablar de San Juan Copala es una referencia para el pueblo indígena triqui, para el poblado originario que aún a la distancia de sus cimientos lucha por preservar su identidad y resistir a la ciudad.

Tres décadas atrás, a la entidad queretana arribó un grupo de indígenas triquis originarios de San Juan Copala; a su llegada les antecedió un largo itinerario desde la capital del país hasta Nayarit, Tijuana, Ensenada y, después, la capital de Querétaro, así lo recuerda Prudencio Merino (indígena triqui) al rememorar cuando llegó junto con su madre y su hermana, seguidos de un grupo mayor, procedentes del mismo lugar.

Al llegar a la urbe, les fue indispensable organizarse, constituirse no sólo como un grupo étnico, sino formalizar su comunidad a través de una sociedad civil. El objetivo: sobrevivir a la ciudad.

Así fue como aproximadamente 28 años atrás se conformó la Asociación de Artesanos Indígenas Triquis Tinujei, asociación civil. En el nombre va explícito uno de los ejes que rigen su organización: la hermandad, o mejor dicho, “Tinujei”, en lengua triqui.

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“Ya tenemos mucho tiempo migrando hacia diferentes lugares, después venimos aquí a trabajar [a Querétaro], nos gustó, tuvimos que luchar porque no es fácil adquirir permisos, carritos [para venta de artesanías], tuvimos que conformar la asociación”, explica Prudencio.

Los triquis son una comunidad en constante lucha, así lo relata Prudencio, mientras recuerda cómo fueron los inicios de su instalación en el estado, el camino para tramitar licencias de funcionamiento que les permitieran vender sus artesanías, logrando los tradicionales carritos que se aprecian en las calles del Centro Histórico, así como gestionar espacios habitacionales.

Inicialmente se situaron en la colonia Unión Nacional, en el municipio de Querétaro, con el tiempo ha incrementado el número de integrantes, por lo que se han dispersado hacia diversos puntos de la entidad.

La asociación, explica, está conformada por 40 familias, más de 100 personas, que se dedican principalmente al comercio y a la venta de artesanías, pero también a otros oficios y actividades.

Entre ellos hay artesanos, artistas y pintores. Uno de ellos es el hijo de Prudencio, Joel Merino, artista y muralista triqui que ya alista su próxima exposición pictórica en París, Francia.

Indispensable conocer de leyes

Saber de leyes, contar con asesoría legal y analizar el sistema político ha sido indispensable en la supervivencia del pueblo triqui, de lo contrario, refiere, serían vulnerables ante la acción del Estado.

“Así fue creciendo la comunidad, entonces muchos compañeros ahora tienen mejor vida, pero seguimos luchando, trabajando, organizando, porque no hay de otra, si no hay una organización, no hay una unión, no hay una disciplina, un orden, no se puede hacer nada.

“Porque antes no entendíamos qué era la política, pero la política es pura mentira, pura demagogia. Ellos tienen un sistema de gobierno, pero nunca aplican la ley, la idea de ellos [los políticos], yo pensaba que era aplicar la ley, pero son los primeros [en] violarla, [en violar] los derechos humanos”, dice.

La política en las urbes, plantea, se asemeja a un juego de ajedrez: explica que los políticos analizan a las organizaciones civiles y buscan puntos vulnerables, por ello una de las premisas de los indígenas triquis es blindarse ante la inmersión de cualquier agente externo, conservar su autonomía como sociedad civil organizada.

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Los partidos políticos los han buscado para que participen en procesos electorales, pero los políticos, destaca, hacen lucha personal, lo que difiere de los preceptos que rigen a la comunidad indígena.

“Han llegado a buscar que nosotros vayamos a un partido, pero no queremos porque volvemos a lo mismo: te dan atole con el dedo, entendí que ellos hacen lucha personal, para los políticos. Muchas veces cuando el gobierno ve que uno se organiza siempre busca cómo desintegrar, es como un juego de ajedrez: te ven, te estudian, te escuchan y ven qué capacidad tienen para destruir, lo que hacen es destruir para vencer, si no, nada más te dan refrescos y te dicen que están preocupados por uno, pero nunca dan una solución”, comenta.

Por ello, su organización cuenta con una estructura que se renueva cada tres años; es una mesa directiva conformada por diversos pilares, entre ellos un presidente y un tesorero.

La preparación que este grupo tiene en leyes y en derechos humanos les han dado herramientas para reconocer sus derechos, para identificar las instancias federales e internacionales a las cuales recurrir en caso de ser necesario.

Al hablar de las demandas de su colectividad, Prudencio refiere que aunque pasan los años muchas de ellas no han cambiado, pues se trata de una lucha continua de un pueblo indígena que resiste a la ciudad.

De acuerdo con el Atlas de los pueblos indígenas de México, del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), en 2015 en el país se contabilizaron a 37,028 personas que conformaban la población triqui: 19, 274 mujeres y 17,754 hombres.

La zona donde históricamente se ha asentado la comunidad triqui es el noroeste de Oaxaca, en la frontera con Guerrero.

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