Reviven una época entre música y amigos

Al ritmo de la Sonora Dinamita, adultos mayores disfrutan de una cena de gala, organizada por el DIF, para recordar y divertirse
Reviven una época entre música y amigos
Foto: Mitzi Olvera
01/09/2019
06:35
Domingo Valdez
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Las notas musicales de la Sonora Dinamita comienzan a sonar y la pista de baile de llena. Son en su mayoría adultos mayores que acuden al tradicional Baile de Gala que cada año el DIF estatal organiza en su honor y que les permite reencontrarse con amistades, familiares y sus recuerdos.

El Querétaro Centro de Congresos es el lugar de la cita para esta ocasión. Este evento nació en 1990. Busca contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas adultas mayores.

La tarde da paso a la noche y los asistentes llegan poco a poco. Visten de manera elegante. Ellos, de traje y sombrero en algunos casos. Ellas, con vestidos largos y peinados elaborados.

En el lobby hay tres automóviles de los cincuenta. Es una pickup Ford, un Sedán Mercury y otra pickup Ford, de los treinta.

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Los vehículos atraen a los asistentes, quienes aprovechan para tomarse algunas fotografías. Incluso, Arahí Domínguez, presidenta del Patronato del DIF municipal de Querétaro, se siente atraída por una pickup.

Minutos después, el matrimonio formado por María Sánchez y Eduardo Villanueva se toman fotografías junto a la Ford. Primero posa ella, luego él se para junto a la camioneta. Luego, piden que les tomen una fotografía juntos.

Casados desde hace 40 años, Eduardo dice que les gusta asistir a la cena porque pueden ver a los amigos, disfrutar de la música, el baile y la comida. Señala que les gusta bailar lo que sea, menos reguetón, “ni escucharla, pero eso es lo que le gusta a los jóvenes”.

María dice que de jóvenes acudían a Las Peñas a escuchar música folklórica latinoamericana y tríos románticos. “Creo que mucho de eso se está perdiendo. Eso es parte de nuestra cultura y creo que se está dejando”.

Eduardo agrega que a la juventud actual le hace falta mucho regresar a la familia. Los padres deben de estar más atentos a sus hijos, no dejarlos solos tanto tiempo, porque ese abandono provoca que ellos se desvíen a conductas de riesgo.

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La pareja, con 25 años de radicar en Querétaro (ella, de Puebla, y él de la Ciudad de México) comenta que desde hace un cuarto de siglo a la fecha la ciudad ha cambiado mucho. Hay muchas empresas y mucha gente, lo que vuelve un poco complicada la vida en la ciudad.

La pareja se despide y entra al salón, donde ya las mesas comienzan a ocuparse con los asistentes. Algunos llegan acompañados de sus familiares más jóvenes.

Gilberto de la Vega llega con su esposa, María Elena Favela. Ella lleva un vestido negro, elegante; él viste pantalón formal, camisa y una elegante chamarra de piel.

De carácter jovial y charla amena, Gilberto dice que fue policía estatal. Se jubiló hace nueve años, en la administración de José Calzada. Sus inicios fueron durante el gobierno de Rafael Camacho Guzmán.

El expolicía señala, en broma, que la pickup Ford es igual de antigua que él. La verdad es que el vehículo tiene más años.

Luego, voltea a ver a su esposa. Resalta que María Elena fue quien lo soportó, toleró y aguantó durante toda su carrera en la Policía Estatal a lo largo de 28 años.

María Elena recuerda que en efecto, fueron jornadas muy largas de trabajo de su esposo, llegando tarde, lejos de la familia, por cuidar a la sociedad.

“Las niñas siempre estaban conmigo, porque él no estaba, no descansaba. Trabajaba mucho, pero al final viene la recompensa. Ahora estamos disfrutando a los nietos”, señala.

Gilberto agrega que ahora disfrutan de su jubilación, pero aclara que costó mucho trabajo y dedicación: “Llega uno a la meta y viene la felicidad, ya estar a 100% con la familia. En la policía hay horario de entrada, pero no de salida. Sí se sacrifica a la familia”.

Gilberto, a lo largo de 28 años de servicio, tiene anécdotas por contar, pero en especial recuerda una. Narra que en aquellos años, la ciudad llegaba hasta avenida Tecnológico. Pasando avenida Universidad vio que un auto estaba estacionado, por lo que se acercó a ver qué ocurrió, ya que el auto estaba en un terreno baldío.

Preguntó al conductor si tenía algún problema, a lo que el ciudadano respondió que se había quedado sin gasolina. Gilberto le pidió un bidón para ir en su motocicleta a una de las pocas gasolineras que había en la ciudad, que estaba en avenida Universidad, en el barrio de La Cruz.

En pocos minutos fue y regresó con el combustible para el conductor varado. Agradecido, el civil le pidió el nombre a Gilberto, pues le confesó que era periodista y quería hacerle una nota para destacar el buen trabajo del policía.

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Siete años después, Gilberto fue ascendido. En la ceremonia estaba aquel reportero al que una noche había ayudado a regresar a casa. El periodista lo recordó y en ese momento destacó el trabajo de Gilberto.

Precisa que siempre se condujo con rectitud, que cuando veía que un conductor se pasaba un alto lo detenía, no para “morderlo”, sino para decirle que su acción, de no respetar la luz roja, podría causarle un daño física o a gente inocente.

Gilberto y María Elena se despiden, ingresan al salón, donde la presidenta del Patronato del DIF estatal, Karina Castro, junto con Arahí Domínguez, dan la bienvenida a los adultos mayores.

“De ustedes he aprendido grandes lecciones, como sentir orgullo por nuestras raíces, porque la historia que hay detrás de cada uno de ustedes es un recordatorio de lo que somos como sociedad; me han enseñado a disfrutar y dar gracias por todo lo que nos rodea, honrar la vida y celebrarla junto a nuestros seres queridos, pero sobre todo a retribuir lo que tenemos con acciones positivas en señal de agradecimiento”, les dice Karina Castro previo a la cena.

La coordinadora del Programa Estatal del Adulto Mayor, Yolanda Escobar Castillo, indica que “con este evento concluimos las actividades del mes del adulto mayor, y hoy hago un llamado a los que tienen un abuelo para aprovechar la oportunidad de escucharlos y aprender de su sabiduría”.

Luego del protocolo, se sirve la cena. El aplauso se escucha para los meseros, que sirven crema de brócoli con queso cheddar y tocino como primer tiempo. Luego, pierna de cerdo con salsa de vino tinto, con puré de papa a las finas hierbas y zanahoria al pesto. De postre, cheesecake con frutos.

Los presentes disfrutan de la cena. Muchos apenas están por terminar, cuando se hace la presentación del primer grupo que amenizará la noche: se anuncia a la Sonora Dinamita. Apenas comienza a tocar el grupo, cuando la pista se llena de parejas que se mueven al ritmo de temas clásicos.

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Los meseros aún sirven el postre, pero muchos de los comensales han abandonado sus lugares para hacerse de un espacio en la pista de baile. Otros asistentes se levantan a grabar videos con sus teléfonos, para inmortalizar el momento y presumirlo con sus amigos o familiares.

Luego toca el turno de la Sensacional Orquesta de Pérez Prado, encargada de recordar toda una época en la cultura mexicana, que los más jóvenes sólo conocen por películas o de las charlas de los más grandes.

Avanza la noche y algunos se retiran, pero la fiesta para muchos sigue, la llevan en la alegría de estar vivos, del ver hacia atrás y recordar el camino andado. Ahora pueden salir a divertirse, cenar, bailar y reír. Para eso no hay edad ni tiempo. Eso es atemporal.

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