Los jóvenes que quieren ser sacerdotes son cada vez menos, pues al año se llegan a ordenar sólo cuatro de entre 16 y 20 que comienzan sus estudios, señala Saúl Ragoitia, rector del Seminario Mayor Conciliar de la Diócesis de Querétaro.
Afirma que la vida moderna, con sus ideas de riqueza, hedonismo, belleza física y superficialidad causa que los jóvenes olviden la parte espiritual de la vida y que las vocaciones para una vida religiosa sean más escasas.
“Estamos promoviendo una cultura vocacional. La ofrecemos a los jóvenes para que puedan descubrir, en primer lugar, el sentido de la vida. Eso es lo más importante, que descubran el sentido de la existencia, y después descubran su identidad como personas, que se sientan valorados como personas, como seres humanos y por supuestos como cristianos que se identifiquen y que se animen a seguir a Jesús”, señala.
La promoción vocacional abarca todos estos elementos y de manera más especial a los jóvenes que sienten el llamado vocacional. Es parte de la cultura vocacional que incluye a las familias, pues son ellas “el primer seminario”, pero ante las carencias que hoy vive la familia, el seminario, la Diócesis y la Iglesia siguen ofreciendo elementos de orientación vocacional.
De manera concreta tiene convivencias con los jóvenes, en particular con aquellos que terminan la primaria, secundaria y preparatoria. Este año, explica, las convivencias vocacionales se llevaron a cabo en el Seminario Conciliar.
En las mismas, que fueron del 15 al 18 de julio para chicos que terminaron primaria, o primero y segundo de secundaria. Mientras que para jóvenes que terminaron la preparatoria comenzaron el 19 de julio y concluyeron el 22 del mismo mes.
“En estas convivencias se aplican muchas dinámicas en donde ayudamos a los jóvenes a ir descubriendo, a ir discerniendo. Esta es una palabra muy importante, discernir.
“Que ellos puedan ir descubriendo qué es lo que Dios quiere de su vida. Y quienes deciden continuar, pues hay procesos que les llamamos seminaristas, por ejemplo, en familia. Están en sus casas, todavía no están internos.
“Sobre todo los de secundaria, están en sus casas, pero vienen continuamente a charlas cada 15 días para darles continuidad y darle seguimiento a estos jóvenes. Igualmente a los de preparatoria que deciden no ingresar al seminario menor”, abunda.
Explica que el seminario menor es para jóvenes de preparatoria y tienen la posibilidad de internarse y vivir la vida como seminaristas durante tres años. Posterior a ello, se les exige el curso propedéutico de un año, en el seminario de San Miguel Galindo, donde tienen una casa de acompañamiento vocacional.
“Quienes terminan esa etapa de propedéutico y solicitan continuar su formación, ingresan a la etapa discipular, donde estudian Filosofía y después sigue la etapa configuradora, donde estudian Teología. Estamos hablando de 10 años de formación, de acompañamiento, del propedéutico hasta el último año”.