Maximiliano; la cantina gay cumplió 10 años

Ubicada en el Centro Histórico de la capital, sus dueños nunca creyeron que sobreviviría tanto tiempo en medio de la discriminación
Maximiliano; la cantina gay cumplió 10 años
Foto: Brenda Santos
01/02/2020
06:21
Alma Gómez
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Hace 10 años, en el corazón del Centro Histórico del municipio de Querétaro se abrió un nuevo bar que causó reacciones en los más quisquillosos, y a pesar de las muestras de desaprobación, e incluso de discriminación, la cantina gay Maximiliano ya completó una década de existencia.

Para el dueño del negocio, cumplir diez años fungiendo como un refugio de la comunidad LGBT no ha sido tarea fácil, pues la mayoría de los negocios de este giro mueren rápido.

“No es fácil que un negocio como este dure 10 años, usualmente abren y cierran o se cambian de lugar. Nosotros lo atribuimos al buen trabajo que hacemos, a que siempre somos respetuosos. No nos imaginamos que íbamos a pasar 10 años aquí con tanta aceptación y con tanto amor de las personas”, señala la pareja de jóvenes dueños, quienes prefieren mantenerse en el anonimato.

Inicio

El sueño de crear una cantina gay y posicionarla como uno de los principales puntos turísticos para la comunidad LGBT comenzó hace una década, cuando decidieron adentrarse en el mundo del emprendimiento y enfocarse en la comunidad gay no sólo de Querétaro, sino también en los turistas nacionales.

Se propusieron crear su propia cantina gay en el Centro Histórico de Querétaro, ¿por qué?, porque no había ningún lugar parecido en esta zona de la capital. Sabían que sería difícil, pero no desistieron.

Una antigua casa ubicada en la calle Morelos se convirtió en el lugar ideal para iniciar el sueño. Ambos jóvenes dedicaron semanas, incluso meses, a realizar las reparaciones necesarias, y lo más importante, a darle ese toque de monarquía que tanto caracteriza a Maximiliano.

La pareja recuerda los primeros días después de la inauguración, muy pocos clientes visitaban la cantina, el panorama era desalentador, pero en poco tiempo la situación cambió y actualmente es uno de los bares más visitados de la capital.

“Cuando iniciamos, la gente decía que no íbamos a durar ni tres meses, pero nosotros estábamos convencidos de que iba a funcionar. Al principio fue muy complicado, venía muy poca gente”, aseguran.

Concepto

Eligieron nombrar la cantina como el segundo emperador de México, Maximiliano, pues querían que el lugar hablara de una de las etapas más importantes de la ciudad, como es el Sitio de Querétaro.

“Siempre tuvimos muy claro el concepto, que fuera un lugar abierto a la diversidad sexual, aquí vienen personas heterogéneas, gay, lesbianas, bisexuales , transgénero. Vienen muchas mujeres heterosexuales porque se sienten cómodas aquí, porque no hay hombres que las hostiguen o las acosen, se sienten protegidas.

“En general todos tienen esa sensación. Cuidamos que siempre haya respeto, desde el personal, nuestro personal se caracteriza por eso, por ser relajados, respetuosos, eso es algo en lo que nos fijamos mucho. Que no se utilicen palabras ofensivas, nada de eso.

“Aquí no hay zonas vip, nadie tiene trato diferente; se llama Maximiliano porque queremos que tenga que ver con la historia de México y de Querétaro, un estilo victoriano con colores rojos, dorados. Creo que al visitar este lugar se derrumba aquel mito de que si vas a un bar gay vas a ver de todo, gente desnuda caminando y haciendo de todo, y eso no es así”, señalan.

Dificultades

Aunque la pareja de jóvenes y dueños de la Maximiliano Cantina Gay ha visto un cambio importante en el pensar de la sociedad queretana, aparentemente religiosa y conservadora; señalan que aún hay grandes cosas por hacer en favor de la comunidad LGBT.

“Casi no se habla de esto pero el turismo gay tiene mucha presencia en Querétaro y deja una derrama económica muy importante; en estos 10 años sí hemos visto avances en el tema de los derechos de la comunidad LGBT, pero nunca es una lindura recta ascendente, tiene sus altas y sus bajas, deben abrirse muchos más espacios, y no sólo bares, sino bibliotecas, espacios culturales, de todo”, señalan los empresarios.

También detallan que los comentarios y los actos discriminatorios son parte del día a día con los transeúntes, e incluso con autoridades de gobierno que se encargan de evaluar los permisos del negocio y que buscan de alguna u otra forma frenar su funcionamiento. Sin embargo, se dicen más que satisfechos con la respuesta que ha tenido la cantina a lo largo de una década.

“En la supervisión de nuestro negocio nos sentimos orgullosos porque somos muy disciplinados, pero sí hemos visto actos de discriminación para buscar fallas en nuestro trabajo, incluso inventar fallas, que también nos ha pasado. En general todos han sido respetuosos, aunque no faltan las personas que pasan por la calle, afuera de la cantina, y nos dicen alguna palabra ofensiva o discriminatoria.

Cosas gratificantes

Ambos señalan que son muchas más las experiencias agradables que han recibido a lo largo de estos 10 años, en los que se ha creado un vínculo especial con la vida de los clientes.

“Hemos vivido experiencias muy gratificantes, hemos visto, por ejemplo, que un jovencita trajo aquí a su papá para darle la noticia de que es gay; y vemos como algunas familias los rechazan, pero también vemos familiares que los aceptan como son, y que se abrazan y todo eso es muy padre. Nos sentimos honrados de ser parte de esas historias, ese es nuestro compromiso, seguir siendo un lugar en donde cualquier persona pueda sentirse cómoda con lo que realmente es”, comentan.

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