“La fuerza de la caravana está en la unión”: migrante

Un grupo más de centroamericanos llegó a Querétaro; son más de mil personas instaladas en el estadio Corregidora
Un grupo más  de centroamericanos  llegó a Querétaro; son más de mil personas instaladas en el estadio Corregidora
Foto: César Gómez
17/11/2018
07:31
Domingo Valdez
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Llegan cansados, se descalzan, se dan masaje en los pies. Sus rostros reflejan cansancio. Los integrantes de la segunda Caravana Migrante llegan a Querétaro. Son apenas cien a lo mucho, pero durante la tarde-noche llega otro grupo más numeroso. Al caer el día son más de mil los centroamericanos que se encuentran en el estadio Corregidora.

El movimiento de personal de diversas instancias de gobierno es amplio. Se espera la llegada de más migrantes. Una veintena de mujeres sirven los platos de comida. Arroz blanco y frijoles. En otro lado las tortillas se les dan, así como pequeñas bolsas de agua.

En la misma “pasada” reciben una cobija y una colchoneta, para que pasen una noche más cómoda, aunque seguramente será fría. Ahora no están instalados en la zona del estadio que mira hacia la ciudad, están en la parte de atrás, en la calle en donde se ubica la delegación de la PGR y la Cruz Roja.

En la sombra el aire es frío. Sin duda la noche lo será aún más. Los migrantes apartan lugares. Buscan los sitios en donde consideran que no recibirán tanto aire.

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Mario Adán Maldonado Fuentes, de Honduras, termina de comer su plato de arroz y frijoles. Revisa su teléfono celular al que, dice, le queda 3% de batería, por lo que necesita cargarlo.

Explica que salió de su país hace 18 días. El viaje, indica, ha sido bueno, pues la Policía Federal les ha ayudado a moverse con facilidad y seguridad en territorio nacional, además de que han sentido la hospitalidad de la gran mayoría de los mexicanos, que los han ayudado a lo largo del camino rumbo al norte.

“Hemos venido a puro raite. Sólo caminamos de Tapachula hasta lo que es Huixtla. Sólo caminamos poco. Hoy (ayer) sólo caminamos como dos horas. De ahí puro raite hasta que llegamos aquí”, sostiene.

Narra que el viernes, a las cuatro de la mañana, salieron de la Ciudad de México rumbo a Querétaro, con el objetivo de llegar a Tijuana, pese a las manifestaciones contra la presencia de migrantes centroamericanos.

Sus dos compañeros escuchan a Mario hablar. Se les ve preocupados, serios. Llevan más de 2 mil 500 kilómetros de recorrido. Otro tanto falta para Tijuana. Saben que lo que les espera no será sencillo, pero Mario dice que la fuerza está en la unión que los migrantes puedan mostrar.

Cruzarán con la fe en Dios

Un común denominador de todos los migrantes es la fe. Dice que con ayuda de Dios podrán cruzar a Estados Unidos y poder trabajar para mandarles dinero a sus familias.

En su caso, Mario Adán dejó en Honduras una esposa y tres hijos pequeños, por quienes quiere llegar a Estados Unidos. En su país no ganaba lo suficiente como yesero para mantener a su familia. El salario es bajo y los gastos son muchos.

Agrega que no piensa quedarse en México, que si hubiera viajado con toda su familia lo pensaría, pero sólo necesita llegar a Estados Unidos, donde pueda ganar bien, que le permita vivir allá y mandar dinero a Honduras a su esposa y sus hijos.

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Mario se dispone a descansar. Le presta el celular a unos de sus compañeros para que llame a su familia en Honduras y los tranquilice, que les diga que está bien, que hasta el momento no han encontrado hostilidad.

A unos metros de distancia alguien saca una pequeña bocina que reproduce reggaeton. La música los alegra un poco, dispersa la tristeza que sienten por estar cada vez más lejos de sus familias, de sus hogares, de sus patrias.

Todos con el mismo objetivo

Una joven mujer policía ayuda a un niño a llevar su plato de comida, su colchoneta y su cobija. Le pregunta dónde está su mamá. Le dice algo, a lo que la uniformada sonríe.

Los funcionarios que coordinan la ayuda son informados de los cambios y del arribo de los migrantes. “Están llegando 12 más”, se escucha por un radio de comunicación. El funcionario que recibe el dato apenas reacciona. No es un número mayor, es controlable aún.

A unos metros de la zona donde descansan los migrantes, uno de ellos aprovecha el agua de una pipa para darse un baño, así sin pena, dice, mientras se moja la cabeza y el cuerpo para refrescarse.

En otro lado, Germán Gómez narra que salió hace un mes de Tegucigalpa, Honduras, motivado por la economía tan precaria de su país. Tiene cuatro hijos, dos ya son mayores de edad, otros dos son menores. Viaja solo, pero señala que conforme avanza en el camino se van haciendo amigos en la ruta, se conocen y se cuidan unos a otros.

Al igual que Mario, su objetivo es llegar a Estados Unidos, cruzar y lograr obtener un empleo que les permita mandar dinero a sus familias y que cubran sus necesidades básicas.

Germán agrega que no sabe a qué saldrán hoy sábado, ya que aún no se ponen de acuerdo para la hora de la salida y si esperarán a más migrantes.

Mario Adán dice que quieren mantener un poco la distancia con los migrantes salvadoreños, pues su actitud y su conducta es un poco más dispersa y llegan a causar conflictos, pero al final, todos son migrantes.

 

bft

 

 

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