Rubén Ratón Perea dice que pocos tienen acceso a su santuario, en donde guarda los recuerdos de toda una vida dedicada al futbol, donde jugó en el legendario Atletas Campesinos, y aunque llegó a primera división, decidió abandonar el profesionalismo y jugar en ligas amateur, además de jugar con sus amigos.

Subraya que muchos le preguntan por qué dejó el balompié profesional. Responde que fue porque no le gustaba “estar arriba”. Primero, porque no lo juntaban, no lo dejaban jugar. Cuando jugaba no le daban balones y como centro delantero sin balones, no podía hacer nada.

“Por eso me vine a jugar con mis amigos, con los equipos y equipazos. Llegué a quedar campeón con el Libertad de la Zona Centro, lo que era el Bajío en aquel tiempo, 85, 86”, enfatiza.

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De familia de comerciantes, Ratón Perea, narra que el futbol llegó a su vida cuando cursaba el segundo grado de secundaria. “Empecé a jugar y me empezaron a llamar a la selección de la escuela. De ahí para adelante, tendría 13, 14 años, cuando empezó mi gusto por el fútbol”.

Su primer equipo fue el de la escuela, la Epi 59, hoy secundaria 1. El equipo de esa temporada fue a un campeonato nacional, la Copa Pelé, en León, Guanajuato, terminando este torneo en cuarto lugar. Rubén tenía 14 años. Su primera foto como futbolista, apunta, tiene como fecha 4 de diciembre de 1974.

FOTO. DOMINGO VALDEZ
FOTO. DOMINGO VALDEZ

Ratón Perea nunca pensó en dedicarse al futbol. Cuando salió de la secundaria, el entrenador Óscar Urquiza lo invitó a jugar con los Gallos Blancos. Incluso, el mismo entrenador fue a pedirle permiso a su mamá, en su puesto del mercado de La Cruz, cuando estaba aún en Plaza Fundadores. Su madre lo dejó entrenar, jugando con los Gallos de Segunda División, a los 16 años.

“Para ser futbolista profesional debes llevar un proceso, y que nada más te junten así, de adolescente y que te lleven a la profesional. Después de que jugué en Segunda División con los Gallos, a Urquiza lo llevaron con entrenador a los Gavilanes de San Juan del Río, a la Tercera División. Así como me llevó a mí, llevó a muchos jóvenes. Mi primer partido, oficialmente, como profesional, fue en Tercera División con los Gavilanes de San Juan del Río, en noviembre de 1977”, narra.

En aquel tiempo, señala, les pagaban el mismo sueldo a todos los jugadores. Eran dos mil 100 pesos al mes. Señala que no era nada, porque “no alcanzaba ni para los camiones”. El entrenador Urquiza los llevaba en su coche cuando entrenaban en San Juan de Río. A veces lo hacían en Querétaro. En 1980 jugó con Atletas Campesinos, donde ganaba mejor. Su sueldo era de 10 mil pesos mensuales.

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Sin embargo, tras ser profesional regresó al deporte amateur. “El gusto que me dio es que infinidad de equipos querían que estuviera jugando. Antes, la Liga Regional del Centro era una liga muy fuerte, como ahora la Bancaria, del San Javier. Me invitaron del Libertad, Hércules, Liverpool de Hércules. Me invitaron 10 equipos de la Bancaria a jugar con ellos. El gusto más grande que a mí me dio de haber sido futbolista fue jugar de amateur en todo el estado”, afirma.

Rubén gusta de ir a ver los partidos del torneo Interbarrios. Ahí, dice, se encuentra a amigos que hace mucho no veía. La pasa bien.

Ratón Perea sube las escaleras de su casa. En una habitación amplia, con sillones y una pantalla, están sus memorias. Indica que ha hecho investigación hemerográfica, rescatando las notas periodísticas que hablan de él y sus hazañas en el terreno de juego. Las fotos de Rubén son para estar en un museo del futbol queretano, aquel que está más allá de los terrenos profesionales.

FOTO. DOMINGO VALDEZ
FOTO. DOMINGO VALDEZ

Junto a las fotos y camisetas de sus equipos, está una colección de ratones. Apodo que, recuerda, le puso su abuela. “Cuando se iba a morir mi abuelita le dijo a mi mamá: ‘Socorro, ahí te encargo a este ratoncito’. Pero no me dijeron ‘ratón’. Pasó el tiempo, entré a la primaria, y cada año había concursos de bailables. En un baile salí vestido de ratón y de ahí para adelante era ‘ratón’”.

Rubén dice que cuando quiere estar tranquilo sube a su santuario, con sus fotografías, sus recuerdos, sus goles en las canchas amateur, donde disfrutó del futbol. No quiere decir que como profesional no lo disfrutara, pero en los torneos locales, los que no se transmiten por televisión en cadena nacional, los que dejan anécdotas, vivencias y sobre todo amistades para toda la vida.

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