Estilista adapta las tijeras y el contacto social a la “nueva normalidad”

Karina cuenta cómo su negocio logró sobrevivir al cierre obligado por la propagación del Covid

Estilista adapta las tijeras y el contacto social a la “nueva normalidad”
Foto: Mitzi Olvera
Nuestras Historias 18/03/2021 06:48 Domingo Valdez Actualizada 18:42

Karina Mandujano Juárez, ríe, luego de un año de incertidumbre financiera. Resistió el tiempo de confinamiento y emergencia sanitaria, esfuerzo que ha sido recompensado, pues paulatinamente la clientela regresa a su estética.

Su negocio, en la avenida 20 de Noviembre, en el barrio de San Francisquito, es pequeño. Apenas una persona es atendida a la vez. Hay dos sillones al interior, donde los clientes pueden esperar, o también lo hacen en la calle. Es decisión de los mismos.

Karina explica que, en estos tiempos de pandemia por el Covid-19, la mayoría de los clientes hacen cita para ser atendidos, aunque si llega alguien fuera de agenda también es atendido de buena manera por la joven mujer.

Desde hace 14 años se dedica a la estética y tratamientos de belleza. Primero, 12 años dando clases en una escuela y desde 2020 en su estética, en un momento poco propicio para emprender.

“Ya lo teníamos todo preparado [para su negocio] desde noviembre, diciembre (de 2019). Abrimos en febrero (de 2020) y en marzo fue cuando empezó la situación que teníamos que cerrar”.

“Batallamos porque estoy pagando una renta, pero afortunadamente el arrendatario fue empático y a veces me decía ‘no me pagues, o págame la mitad’. El tiempo que estuvimos cerrados no nos cobró renta, y luego, dependiendo de las situaciones, me decía ‘dame la mitad y luego me pagas conforme vaya aumentando la clientela’. Así es como hemos llevado más o menos la situación”, indica.

Karina matuvo cerrado su negocio dos meses y medio. Luego abría de manera intermitente. Primero abría de lunes a sábado, luego de miércoles a sábado, porque no había clientes.

“Empezando enero nadie se paraba. Entiendo que la situación estaba complicada. La gente todavía estaba un poco asustada”, dice.

“A partir de mediados de enero sí he tenido bastante gente, gracias a Dios ha salido más la gente y como ya son clientes que han regresado, también vienen seguros, porque ven que no les ha pasado nada, porque uno procura tener limpio”, destaca.

Conforme aumentó la clientela abrió de manera normal, además de atender por cita, dinámica que sigue llevando a cabo, para programar a la gente que puede atender y no se aglomere en el negocio.

Karina apunta que para extremar la seguridad al interior de su local, todos los días limpia con cloro el negocio, sanitiza los sillones, todo lo que la gente puede tocar o donde se sienta.

Además que antes y después de atender a un cliente desinfecta el lugar donde lo atendió, así como el lavado de manos constante, sin dejar de lado la aplicación de gel antibacterial y el uso del cubrebocas, tanto ella como los clientes.

Llegado el momento, cuando está cortando el cabello y tiene que detallar el área de las orejas, le pide al cliente que retire las ligas del cubrebocas, pero que lo sostenga con la mano, para no descubrir ni la nariz ni la boca.

En la estética, Karina ofrece otro tipo de servicios, como la aplicación de uñas. Para esos casos, le pide a las clientas que primero se laven muy bien las manos con agua y jabón, así como un spray que usa para desinfectar manos y material que usará.

En estos casos también usa careta, por ser más directo el contacto que se tiene con las personas.

La mujer narra que se dedicó a la estética por casualidad, pues ella estudiaba Comercialización.

En esa época su padre enfermó y ella era la única que, por las actividades de sus hermanos, podía apoyar económicamente a su madre. Apoyarla tuvo como consecuencia que bajaran sus calificaciones y en la universidad donde estudiaba si reprobaba una materia no podía seguir estudiando.

La dieron de baja y buscó una opción rápida que le permitiera generar dinero. Las opciones eran Gastronomía o Belleza, pero por economía optó por la segunda.

Terminó la carrera y la invitaron a dar clases donde estudiaba, actividad que realizó durante 12 años. Luego, por su hija de siete años buscó otras alternativas con un horario que le permitiera estar con ella. Su propia estética fue la solución, pues acomodando citas y horarios no descuida a su pequeña.

Además, Karina ofrece masajes relajantes

El que más buscan en estos momentos las clientas es el relajante, para el cual también aplica las más estrictas medidas de higiene. “Está padre que estemos bien por fuera, pero si no estamos bien del cuerpo, tanto mental como físico, no vamos a poder estar bien. Es lo que más me piden las clientas de más de 40 años”.

Dice que la carrera de Belleza tiene su dosis de esfuerzo y preparación. Es un oficio muy noble.

“Para las mujeres con esto no dependemos de nadie. Si nos va bien con el marido, está padre. Pero si no es así, ya tenemos cómo salir adelante y sacar a los hijos. Es una carrera bonita y sobre todo el contacto con las personas”, afirma.

“Muchas veces la gente viene aunque no requiera el servicio, pero venir a platicar es suficiente. De repente [la clientela] platica de los problemas que tiene con los hijos, con el esposo, cómo les va. Se explayan. Hay clientas que es la primera vez que vienen y se sueltan hablando. Las escucho, a pesar de que no las conozco, les doy la confianza para que me platiquen. Eso también es agradable, aunque en el momento te angustias por lo que están hablando”, comenta.

Karina agrega que las charlas van desde las confesiones que las dejó el esposo por una mujer más joven, y que van para arreglarse. Incluso revelan detalles muy personales. La joven mujer se convierte así en una especie de terapeuta para sus clientas o clientes que encuentran, por unos minutos en la estética, un lugar para platicar y relajarse de las situaciones que se viven en la nueva normalidad, mientras gozan de un corte de cabello que ha sido postergado por meses por la pandemia.

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