Han pasado 29 años desde que Salvador Antonio Moreno ingresó a la Cruz Roja como paramédico, y el recuerdo del primer servicio que atendió sigue tan vivo en su memoria como aquel día.

Era la mañana de un sábado, en el Lienzo Charro de El Pueblito se solicitó apoyo debido a que un caballo pasó por encima de una jinete, provocándole lesión de tórax y abdomen. Salvador Antonio ayudó a trasladarla de manera exitosa a un hospital privado, fue su primer servicio; en aquel entonces él era practicante.

Una de las cosas que más recuerda es lo mareado que se sintió en el traslado de la paciente, no por la adrenalina, sino porque no estaba acostumbrado a viajar en la cabina de la ambulancia y menos a la velocidad a la que, en aquel entonces, circulaban.

Ese fue el primero de muchos casos que quedaron grabados en su memoria. Otro que tiene muy presente es cuando en la llamada Cuesta China volcó un camión que transportaba grava y arena. Se rompió el eje de la dirección del vehículo, cruzó el camellón, quedó en el otro lado de la vialidad en sentido contrario y chocó contra un autobús que iba rumbo a la Sierra. El resultado fueron seis personas muertas y 18 heridas de gravedad.

En otra ocasión, sobre el libramiento de México a San Luis Potosí, atendió una camioneta familiar que se volcó; los niños salieron volando.

Algo que recuerda con afecto es haber asistido labores de parto en diversas ocasiones: han sido 19 niños a los que ayudó a llegar al mundo. Lo llena de orgullo cuando alguien a quien atendió hace años todavía lo reconoce y le agradece con cariño.

Una vez auxilió en el accidente en el que debió sacar a un hombre que había quedado atrapado debajo de un camión. Junto con su compañero Sergio Morales logró liberarlo; el hombre sólo sufrió una luxación de hombro. A los 15 días, un sábado por la mañana, llegó el señor acompañado de su hija a la Cruz Roja y les llevó un pastel como agradecimiento; son momentos que no espera, incluso lo volvió a encontrar recientemente en una plaza comercial y platicaron de lo ocurrido.

“Al final del día, que te agradezcan hace que valga la pena todo lo que hacemos”, declara Salvador Antonio al afirmar que la Cruz Roja permanecerá mientras la sociedad así lo quiera, pues se requiere del apoyo económico de la población para que continúe operando.

Tan sólo la Unidad de Rescate Urbano que tiene a su cargo, llamada Libra, debe llenar su tanque de gasolina con 2 mil 500 pesos, y a eso se suman las reparaciones que requiera. Incluso, cuando ve que es difícil para la Cruz Roja realizar estos gastos, directamente él los costea. Por ejemplo, ha llegado a darle mantenimiento a un equipo por su cuenta.

Libra tiene lo necesario para responder como ambulancia, cuenta con equipo para rescate en barrancas, buceo, equipo hidráulico para extracción vehicular, maquinaria para actuar ante estructuras colapsadas y para responder a incidentes con materiales peligrosos.

El hombre ha recorrido la mayoría de los cargos que se pueden tener dentro de la Cruz Roja Querétaro, institución a la que quería ingresar desde muy pequeño, influenciado por Zacarías Moreno, su padre, quien trabajó como socorrista.

Cuando tenía 10 años, Salvador Antonio ya iba de “pirata” en la ambulancia, en aquel entonces la Cruz Roja tenía como base el edificio que aún conserva en la avenida Hidalgo. Cada que salía de la escuela se apresuraba a ir a ver a su padre, lo que le dio la oportunidad de presenciar cómo se atiende un servicio.

Fue poco antes de cumplir 18 años que ingresó a la Escuela de Paramédicos. Su grupo fue el primero en estrenar las instalaciones que hoy se encuentran en el Centro Sur.

Esta carrera la compaginó con la de Ingeniería Industrial del Tecnológico de Querétaro. Debido al cambio de sede de la Cruz Roja, al salir de la escuela, tenía que correr para alcanzar la ruta 9 y llegar a tiempo para sus clases de paramédico.

Debía caminar de la CTM hacia las instalaciones de la Cruz Roja, pues no existía algún autobús que lo dejara más cerca.

En aquel entonces se certificó como Técnico en Urgencias Médicas y le siguió una especialidad de rescate urbano.

Lamenta que haya varias personas que no entienden lo que implica un servicio de ambulancia. Estima que de cada 10 servicios solicitados, más de la mitad se trata de situaciones en las que no era necesario acudir: hasta por un dolor de garganta y uñas enterradas se le ha mandado llamar.

Un tema que los pacientes no toman en cuenta es que la Cruz Roja no cobra sus servicios cuando brinda atención en calle, pero cuando debe realizar un traslado sí debe aplicar un costo, pues se trata de una institución autosustentable.

Agrega que eligió la carrera de Ingeniero Industrial porque fue la que estudió su padre; gracias a ella ha podido financiar equipo que requiere Libra.

También le sirve para ofrecer capacitación a brigadas de emergencia de seguridad industrial, trabajo que, aparte del que tiene en la Cruz Roja, le da una gran satisfacción, toda vez que le permite acudir a cualquier lugar de la República Mexicana, explica.

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