Así es la portada de La Cruz; se coloca para la fiesta más grande de los Concheros en Querétaro | Querétaro

Así es la portada de La Cruz; se coloca para la fiesta más grande de los Concheros en Querétaro

Tras dos años suspendida, esta celebración vuelve con los rituales que la acompañan; el olor a copal, quema de pirotecnica y la devoción de fieles completaron el cuadro

Así es la portada de La Cruz; se coloca para la fiesta más grande de los Concheros en Querétaro

Así es la portada de La Cruz; se coloca para la fiesta más grande de los Concheros en Querétaro Foto: Mitzi Olvera

Nuestras Historias 13/09/2022 06:56 Domingo Valdez Actualizada 07:46

Artesanos de Iztacalco, en la Ciudad de México, como todos los años, crearon la portada para la fiesta de La Cruz. Al mediodía de ayer se realizó la bendición y rituales de los grupos que llegaron de Cortázar, Guanajuato.

La tradición tuvo que verse interrumpida por la pandemia de la Covid-19. Pero este año, con condiciones relativamente normales, las fiestas vuelven con todo su esplendor a Querétaro.

Las fiestas de septiembre en el templo de La Cruz son de las más vistosas y atractivas para locales y foráneos.

A muchos extranjeros el sincretismo de la festividad les parece atractivo. Como el caso de una pareja internacional, que no pierde detalle mientras es colocado el portal sobre la fachada del templo. Al mismo tiempo no dejan de admirar los cánticos y a las dos mujeres que sahuman la pieza hecha por los devotos capitalinos.

El trabajo para la realización de la portada fue arduo. Incluso durante la madrugada del lunes, para que al mediodía la creación estuviera lista para ser colocada en la fachada.

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Una decena de personas se reúne alrededor de la ceremonia de bendición que llevan a cabo los sacerdotes de La Cruz.

Los religiosos dan las gracias a los devotos, quienes, fieles a la tradición, acuden desde la capital del país para decorar el templo para estas fiestas.

Los rezos y las bendiciones católicas se mezclan con el sonido de los caracoles prehispánicos y el copal quemándose en braseros de mano que llevan las mujeres ataviadas con vestimentas tradicionales de los pueblos originarios de América.

Los cohetones hacen acto de presencia, como en la mayoría de las festividades. Un joven, cigarrillo en mano, coloca las piezas de pirotecnia en un lanzador, para luego, con el cigarro encender la mecha y dejar que el cohetón salga disparado al cielo, donde a cierta altura explota.

Los carrizos de la pata de la pieza de pirotecnia caen a los costados del templo.

Un hombre en situación de calle se acerca a uno de los presentes para preguntarle qué se celebra. Le responde que son las fiestas de septiembre de La Cruz, que son devotos de Iztacalco que todos los años arman la portada que es bendecida. El hombre, satisfecho con la explicación, se retira.

A un costado de la entrada del templo, un grupo de sacerdotes vende artículos religiosos a los devotos que acuden a rezar.

Explican a una pareja que las cruces de espinas son por un árbol que se ubica en interior del templo que fue usado como bastón por Fray Antonio Márgil de Jesús, cuando llegó a Querétaro y floreció, dando este tipo particular de púas.

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También ofrecen libros de oraciones, de cánticos, rosarios, tazas, entre otra memorabilia relacionada al templo.

El momento de la bendición se acerca, el caracol suena y el cura bendice con agua la portada mientras reza. Otro sacerdote detrás de él esparce incienso.

Las dos mujeres con sus braceros llenos de copal, cuando el cura termina la ceremonia, comienzan a sahumar la portada, lo hacen por arriba y por abajo, tratan de cubrir todos los ángulos de la misma.

Mientras, sus compañeros y los fieles de Cortázar, Guanajuato, cantan a ritmo de sus instrumentos musicales. El sincretismo es lo que más llama la atención de los extranjeros que están presentes. La ceremonia con raíces indígenas es más larga que la católica, aunque es observada por los curas de La Cruz, quienes no pierden detalle y graban video y toman fotografías de la misma.

Los hombres comienzan a colocar la portada. Arriba del templo un grupo de hombres se encarga de tres cuerdas que bajan hasta el piso, donde se sujeta la portada para comenzar a subirla. El procedimiento se hace lentamente, para no estropear la pieza que está finamente decorada y que tanto trabajo costó elaborar.

Los gritos tanto de los que están arriba como de los que están abajo, para coordinar los movimientos se suceden. “Suéltale más de un lado”, gritan. “Ahora tú, afloja un poco”, se oye después. “Espera, espera, se va romper”, alcanza a gritar alguien desde el piso cuando ve que la cruz que está ubicada en la parte más alta de la portada se dobla peligrosamente.

Mientras es colocada, la pirotecnia hace acto de presencia y suenan cohetones que revientan nuevamente en el aire. En tierra, una docena de teléfonos celulares y un par de cámaras fotográficas, documentan la colocación de la portada.

Luego de varios minutos de esfuerza de la docena de hombres, tanto arriba como abajo del templo, rinde sus frutos. La portada queda colocada de manera simétrica. Los hombres de arriba ajustan las cuerdas, para evitar una caída. Abajo, los hombres colocan los adornos del pie de la portada, que representan unos nopales. Usan escaleras para sujetar ambas piezas.

Después, cuando todo está en su lugar, se toman un respiro para admirar su trabajo, que representa una devoción tradicional. Aprovechan para tomarse la foto al lado de los sacerdotes.

Posan lo mismo para teléfonos móviles como para cámaras. Lucen sus estandartes, mientras de fondo la portada ya decora la fachada del templo de La Cruz, que durante los próximos días será escenario de una de las fiestas más importantes y que después de dos años se vuelve a realizar, aunque con las medidas de la nueva normalidad, porque al final de cuentas, pandemia o no, él es Dios.

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