Artesanas sobreviven vendiendo tapabocas

En medio de la pandemia han encontrado la manera de ganar algo de dinero
Artesanas sobreviven vendiendo tapabocas
Foto: Mitzi Olvera
11/08/2020
03:58
Domingo Valdez
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“¿Cuánto cuestan los cubrebocas?”, pregunta una joven al tiempo que toma uno de estos artículos para verlo más detalladamente. “60 pesos”, responde Mariana Miranda, artesana originaria de Amealco, quien como muchas de sus compañeras, ve en estos productos, convertidos en artículos de primera necesidad por la emergencia sanitaria causada por el Covid-19, un área de oportunidad para recuperarse de la crisis económica.

Madre soltera, Mariana está acompañada de su pequeña hija, quien modela un cubrebocas con un girasol bordado, mientras otra mujer, una joven de no más de 25 años, le pregunta por el producto.

Le dice a la mujer que lo puede sacar para verlo. La clienta le dice que no, que así está bien. Saca de su bolsa dos billetes, uno de 100 y otro de 20 pesos, y paga dos cubrebocas. Mariana logra otra venta.

En estos días la venta de muñecas disminuyó. Son más socorridos los cubrebocas, cuyos diseños y colores dan un toque vistoso a la realidad sanitaria cuando la ciudadanía debe salir a la calle y evitar que el número de casos de Covid-19 se dispare.

Apenas el 7 de agosto, de acuerdo a la Secretaría de Salud, hubo 145 casos nuevos de esta enfermedad en Querétaro.

Los cubrebocas están colocados en una malla de alambre. La joven artesana los acomoda de modo tal que los bordados del frente luzcan. Flores y colibríes son los diseños que caracterizan el trabajo de Mariana.

La artesana explica que son los pocos turistas nacionales que visitan Querétaro quienes más compran los cubrebocas artesanales que elaboran en sus viviendas. Dice que hace poco unos turistas tabasqueños le compraron algunos.

Adaptarse a la nueva realidad. Con la cuarentena las artesanas que venden en las calles debieron de buscar otras opciones para sobrevivir. Una de ellas fue irse a los estacionamientos de los súpermercados, donde la gente no dejó de acudir para comprar alimentos. Incluso intercambiaban sus productos por despensa.

Ahora, ya con la apertura de más negocios, el primer cuadro queretano tiene más vida. La gente sale a pasear o hacer compras. Las artesanas, en su gran mayoría del municipio de Amealco de Bonfil, regresan a las calles para vender su trabajo, aunque todavía las ventas son bajas, al menos de las muñecas tradicionales, las carpetas y otras artesanías se siguen vendiendo.

Mariana apunta que “me tardo mucho en hacer los cubrebocas, hago cinco al día únicamente. Primero lo pinto y luego lo bordo. Cortamos la tela, luego la pintamos”.

Señala que tienen escasas dos semanas que volvieron a las calles del centro de Querétaro. Las ventas no se recuperan, pues los turistas y visitantes aún no llegan como en otros años.

Comenta que durante este tiempo tuvieron que dedicarse a hacer los cubrebocas, a quedarse en casa, sin poder salir a trabajar.

Mariana está acompañada por otras artesanas que se toman un tiempo para descansar bajo los portales que se ubican frente al jardín Zenea. Colocan sus mercancías en plásticos que extienden en el piso, y que en caso de ser necesario, levantarlos rápidamente.

Esos casos son frecuentes, pues los inspectores municipales les dicen que no pueden estar en un lugar de manera fija, así que aprovechan los escasos minutos que tienen bajo la sombra para descansar y aprovechar para vender algunos productos a las personas que recorre las calles.

Agrega que el gobierno los apoyó con 4 mil pesos, que fueron de mucha ayuda para sortear la contingencia y la falta de ingresos. “Con eso compramos la comida”, destaca la artesana.

Indica que estuvo en su casa en Amealco, pues el aislamiento social las dejaría sin ventas. “A lo mejor sí nos iban a dejar vender, pero no había turistas para ofrecerles, venderles la mercancía. Muchos [artesanos] estuvieron vendiendo en varias tiendas”, asevera.

Comenta que la idea de hacer cubrebocas fue viendo la emergencia sanitaria, aunque no sabían sí tendrían éxito con ellos. Con el tiempo vieron que la idea había sido la correcta, debido a la aceptación de los ciudadanos.

Sin embargo, la presencia de los inspectores es lo que limita su trabajo, además de que ya existe mucha competencia en ese mercado. Diademas, servilletas, llaveros y las tradicionales muñecas, son parte de los productos que ofrece, que han pasado a segundo plano.

La lucha por sobrevivir. Nadie se acerca a preguntar por las servilletas, muñecas u otros productos que no son de primera necesidad. Dice que vende apenas cinco cubrebocas diarios, pues también la competencia es mucha, aunque en menos de media hora ya vendió tres.

Comienza su jornada de trabajo a la una de la tarde y la concluye a las 10 de la noche, aunque a esa hora de la noche ya hay muy poca gente en las calles queretanas, “pero hay que comer”.

Mariana añade que espera que la situación mejore pronto, aunque no sabe cómo podrán salir de esta situación que las afecta.

Una joven pide a Mariana que le muestre un cubrebocas como el que la artesana lleva puesto, con un girasol amarillo con un fondo azul. Mariana busca entre los cubrebocas que lleva. Luego de buscar unos segundos, encuentra uno parecido, pero con un colibrí. La joven compradora se muestra contenta con el resultado de la búsqueda y paga la mercancía con gusto. Una venta más para Mariana. Es un buen día para la joven artesana.

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