María Juana León González pide un plato a una de sus sobrinas. Busca en la olla casi vacía un poco más de mole. Dos cucharadas y saca una ración más que extiende a la mujer que en la otra mano tiene unas tortillas. Ella, junto con su familia, acude al hospital del IMSS en El Marqués para dar comida a los familiares de los pacientes que son atendidos en la clínica.
Es media tarde en el Hospital General Regional número 2 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), conocido coloquialmente como el Seguro de La Pradera, o de El Marqués, por su cercanía con ese fraccionamiento marquesino.
Inaugurado el 15 de noviembre de 2018, el hospital se ubica en el Circuito Universidades. En la parte de atrás colinda con La Pradera y un nuevo fraccionamiento. Alrededor no hay casi construcciones. Hasta hace poco se inauguró una gasolinera, a unos 500 metros del hospital. Más allá, un supermercado. Lugares para comer o comprar un tentempié. Dentro del hospital hay una cafetería muy chica y afuera hay puestos callejeros que ofrecen algunos alimentos.
Sin embargo, ese no es el problema. El problema es que muchas personas que acuden al hospital no cuentan con el dinero para gastar en alimentos, pues pasan por momentos complicados.
Por ello, afuera del hospital llegan muchas personas a dar alimentos a los familiares. Algunos lo hacen apoyados de organizaciones religiosas. Otros, como María Juana, lo hacen de manera independiente.
La mujer, de mediana edad, dice que lleva comida a los familiares de los pacientes del hospital. Van apenas dos veces, pero ella ha estado del otro lado, con hambre y sin comida.
Recuerda que ella, en dos ocasiones, se vio en esa posición. Una fue cuidando a uno de sus hijos, y la otra a una sobrina. Hoy, sus dos familiares gozan de salud.
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Dice que en esta tarea la acompañan su hermana, su sobrina y su esposo. “Son Elías, Cecilia, Sandra y Álvaro. Nosotros les hicimos un mole con arroz. Le repartimos como a 250 personas”.
Junto a María hay otras personas que reparten tortas a los familiares que llevan, en algunos casos más de 12 esperando afuera o adentro del hospital. El rumor de la gente repartiendo alimentos corre rápido entre las personas que esperan en el hospital. También, si pasan en el momento adecuado, el personal de salud del hospital recibe su ración de comida.
En otras ocasiones hay más personas que brindan alimento de manera solidaria a los familiares de los pacientes que reciben atención médica. Hay organizaciones religiosas que lo hacen de manera recurrente.
Venga de quien venga, la ayuda es bienvenida para quienes durante un día completo tienen que estar al pendiente de su paciente y no encuentran nada que se adapte a su bolsillo, o quizá no llevan dinero para comprar.
María señala que brindar alimento caliente y gratuito para las personas que van al hospital es por solidaridad, pues ella sabe que estar en esa posición es muy triste.
“Es una emoción. Más que nada, por fe, venimos por fe. Un agradecimiento hacia Dios. Muchos dicen si la vendemos y no. El de arriba ya la pagó. Más que nada, aquí venimos, como nos ha tocado venir a ver pacientes y vemos cómo carecemos aquí. Que estamos en medio de la nada, porque no hay nada”, enfatiza.
Por ello, se juntan en familia para poder ayudar a quienes tienen que batallar con las enfermedades de sus parientes y tratar de mitigar un poco sus preocupaciones.
Indican que por la ubicación del hospital no hay dónde comprar algo de comer que sea económico, y con lo poco que puedan ayudar a la gente, lo hacen. “Es lo que nosotros ponemos, nos juntamos, la familia. Decimos: ‘vamos a ir a regalar comida’ porque sabemos cómo batallamos aquí.
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“Más que nada porque hay mucha gente como nosotros, que somos de pocos recursos. Y hay veces que luego nomás vienen con su pasaje y luego están día y noche”, comenta.
María Juana viene con su familia desde una comunidad de Colón. Es la segunda vez, pero pretende hacerlo más ocasiones, cuando su economía se lo permita.
“Ahora nos organizamos y vamos a llevar esto. Ahora estamos organizando para traer de aquí a otros tres meses. O si Dios permite, antes”, dice.
Álvaro Hernández, esposo de María Juana, dice que tienen un taller de madera y aluminio, que es su fuente de ingresos y de dónde “sale” para llevar la comida, así que tras unos meses de ahorrar volverán con sus cazuelas llenas de comida, platos desechables y tortillas para alimentar a quienes en momentos difíciles ven un plato de comida como algo reconfortante, no sólo para el cuerpo, sino también para el alma.