La tradicional fiesta de la candelaria en el barrio Santa Catarina, las fiestas patronales de San Gregorio, la convivencia entre vecinos que distribuyen tareas como limpiar el templo, preparar las flores, organizar concursos de canto y baile entre vecinos, son algunas de las costumbres que todavía se realizan en los barrios más antiguos de Querétaro.

Estas costumbres se van perdiendo con el paso de las décadas, considera el investigador Edgardo Moreno Pérez, pues cada vez son menos las familias antiguas que viven en estos barrios tradicionales. Las primeras familias que ocuparon los barrios han optado por vivir en lugares con mejores servicios públicos y una mayor seguridad.

¿El resultado? Barrios con tradiciones centenarias pero con familias nuevas, que ya no encuentran ninguna relación, por ejemplo, con el santo patrono del lugar. Por eso Moreno Pérez hace un llamado a las autoridades y a los propios ciudadanos a rescatar las tradiciones religiosas, gastronómicas y sociales de los barrios más antiguos de la ciudad.

“Desde luego la fiesta de la candelaria en Santa Catarina, que hasta la fecha atrae a mucha gente de muchos barrios y también las fiestas de San Gregorio en el mes de septiembre, son fiestas que hasta la fecha se siguen desarrollando y que son aspectos que tienen que ver con acciones identitarias, de resistencia ante el embate urbano que tenemos en Querétaro, se debe buscar la posibilidad de que estos nuevos queretanos se logren relacionar con lo que es la cultura de Querétaro y aporten nuevos elementos. Eso es lo que hace tan rica la cultura queretana.

“La fiesta patronal, más allá de las prácticas y creencias tiene el sentido solidario de los vecinos que se organizan para poner las velas, el que lleva las flores, el que hace la limpieza del templo, el que organiza a los vecinos para la cooperación, el que contrata al grupo para armar el baile, todo eso es una forma de crear redes entre los vecinos, eso fortalece el tejido social”, comenta el investigador.

Cerros sagrados.

Los barrios de Santa Catarina y San Gregorio son de los más antiguos de Querétaro. Se conformaron a principios del siglo 17, cuando pequeñas comunidades de indios de distintas etnias fueron agrupados en la zona.

Durante el sitio de Querétaro, los imperialistas y los liberales peleaban por tener el dominio de esa zona, sobre todo de los cerros San Gregorio y San Pablo, que eran considerados cerros sagrados, desde donde todavía puede contemplarse toda la ciudad en forma de cuenco. Hoy esos cerros son casi imperceptibles pues han sido devorados por las casas, pero la vista aún es hermosa y panorámica.

Con la construcción de lo que ahora es la antigua estación del ferrocarril, ya en el siglo 20, se detonó una segunda población en ambos barrios; principalmente por familias que trabajaban en la estación, como ferrocarrileros y soldados.

Muchas de esas familias venían de estados vecinos como Guanajuato, pues en Querétaro la estación del ferrocarril representaba una importante fuente de empleo y agilizaba la economía.

“Son barrios donde vivía muy poca gente y prácticamente estos barrios altos comienzan a poblarse con las nuevas estrategias económicas de los años 40 del siglo 20, mucha gente se va a habitar la parte de El Tepetate y San Gregorio, cuando se coloca la estación del ferrocarril nacional, toda esa parte comienza a poblarse de ferrocarrileros, soldados trabajadores del ferrocarril. Posteriormente en los años 60 tuvieron nuevos impactos industriales y eso también hacía que nuevas familias llegaran, sobre todo por las zonas industriales que es donde ahora es Plaza del Parque”, mencionó.

Espíritu centenario.

Es en esta parte de la historia en donde los barrios tradicionales consolidan su espíritu. Los padres de familia que salen al portal de su casa, por la noche, después de un día arduo de trabajo, para fumarse un cigarrillo, el olor de tejocote en las cocinas de todas las casas, comedores donde no faltan las jícamas o cacahuates, el abuelo que cuenta historias de terror a los nietos.

Los mercados como ‘El Tepetate’ que en ese momento no tenían la competencia de las tiendas de autoservicio.

La llegada de cientos de familias nuevas a Querétaro representa beneficios para la sociedad y para el crecimiento de la ciudad; sin embargo, también amenaza con arrasar la huella que dejaron las primeras familias que habitaron los barrios tradicionales; barrios que hasta ahora no han sido protegidos por las autoridades porque no se consideran patrimonio de la humanidad, y porque no son parte del Centro Histórico, comenta Edgardo Moreno.

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