Nuestras Historias

“Enseñar a pintar me da un motivo para vivir”

Heriberto Frías comenzó a bailar y trazar mascotas para salir de una depresión, luego de perder a su compañera de vida

Don Heriberto, al impartir clases de pintura sin costo, busca servir como medio para que los adultos mayores aprendan una nueva actividad con la que puedan conseguir algunos ingresos y se sientan útiles (LUIS SÁNCHEZ)
05/10/2017 |02:26
Redacción Querétaro
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Don Heriberto Frías toma la pluma, papel y escribe su apellido materno: Furlong. Enfatiza en que el apellido es escocés, de abolengo. Cuenta que su abuelo fue un ingeniero que llegó a México a trabajar y desde ahí se quedó a radicar. Con 80 años en su andar, presume los cuadros de perros, gatos, caballos y jaguares de los que hizo boceto y luego rellenó de cuero sintético, plastilina y otros materiales para hacerlos ver tridimensionales. El domingo, como parte del proyecto “Domingos en la edad dorada” en el Centro Cultural Manuel Gómez Morín, don Heriberto aparte de sacar a relucir sus pasos de baile en la tarima, coloca su cuadros para exhibirlos e intentar venderlos.

Pero el objetivo va más allá de venderlos. Junto a su compañero don Neto, se prepara para que aquellos adultos mayores que lo deseen se inscriban a un taller que impartirá. Él busca compartir entre sus iguales, el conocimiento que pudo adquirir para realizar estos cuadros y que ellos mismos los vendan, que sea un incentivo para vivir y para sentirse activos en alguna actividad remunerada.

Sin embargo, el acercamiento a dibujar y decorar estos cuadros no fue porque en su vida se haya dedicado a ello. Heriberto dice que es una historia larga, pero brevemente relata que fue una forma en que pudo salir adelante luego del fallecimiento de su esposa el año pasado, pese a que desde años atrás se dedicaba a dibujar como un pasatiempo.

“El año pasado murió mi esposa y al quedarme solo después de 63 años de estar con ella, me sentía con pocas ganas de vivir, fue mi amorcito, una damita preciosa. Me acerqué a bailar a los jardines y me puse a investigar todo esto de los cuadritos, mira se logró, esto me da un motivo de vivir con un gusto”, comenta.

Heriberto le pide a don Neto que le cuide un momento la exposición de 40 cuadros. Dice que irá por unas aguas y refrescos para quienes se inscriban a su taller, para que no les de sed. En cuanto se inscriban, automáticamente, todos adquieren un porcentaje de la venta de cada uno de los cuadros.

Al cabo de unos momentos, regresa Heriberto con unas botellas de agua y las coloca debajo de su mesa. Aunque son poco más de las 11 de la mañana, aún no ha iniciado las actividades del proyecto dominical que incluye talleres de pintura, estantes de productos y baile por parte de adultos de la tercera edad y Heriberto se acerca con aquellos que se asoman a ver sus cuadros y muestran interés.

Les explica que la técnica consiste en calcar a partir de una ilustración o una fotografía de una mascota, en un pequeño pedazo de papel; posteriormente se corta y delinea cartón a la forma de la cara o el cuerpo del animal a dibujar. Heriberto sugiere que sean sus propias mascotas. Ya con el calcado, comienza a rellenar con otros materiales, se da forma al animal y nada más consiguiendo un marco está listo para vender su cuadro.

“Para poder lograr esto hay que dibujar. Por ejemplo para un cuadro de un perro tuvo que salir de lo que vemos en un plano de papel, después verlo a la realidad, es una tercera dimensión. La textura es piel y lo logré a base de rellenarlo, ponerle la nariz de plastilina y ese estilo”, explica.

Don Heriberto, reitera su afán de compartir su conocimiento para dibujar y decorar animales a partir de ilustraciones, para que los adultos de la tercera edad tengan una vida productiva. Por ello, desde hace unas semanas estuvo en contacto con autoridades del centro cultural para que le permitieran un espacio en el cual impartir un taller y que los adultos se inscriban sin costo alguno.

Finalmente al lograr el visto bueno de autoridades, Heriberto intenta contagiar a los adultos de la alegría por vivir, sentirse libres y útiles. Pintar y decorar cuadros lo sacó de un cuadro depresivo y busca que a otros les genere la misma sensación.

“Si con eso se benefician esas personitas principalmente los de la tercera edad, para ayudarlos les voy a enseñar sin costo alguno. Absolutamente esto es un obsequio, cuarenta cuadritos, la base para su taller, que se logró a base de platicar con autoridades, exponiéndoles cual era mi caso, se permitió bajo ciertos criterios a que tuviera acceso y sorpresa, le están dando el visto bueno y aquí estoy presente”, dice orgulloso.

Don Heriberto hace cálculos. Expresa que en tres o cuatro semanas les podrá compartir toda la habilidad en el dibujo y la decoración de los mismos. “El acabado les enseñaré como hacerlo, porque aquí es detallar y eso estará complicado”. Incluso vaticina que desde cualquier espacio y en la condición que estén los adultos podrán hacerlo: parados, sentados o postrados en una silla de ruedas con una tablita, lo lograrán,

Heriberto, pese a tener una edad considerable, se mueve sin dificultad alguna. Viste una camisa de manga larga cubierta por un chaleco, del cual le sobresale el nudo de la corbata; se encuentra más que preparado para exhibir sus cuadros. Le da algunas indicaciones a don Neto y dice que mientras no les duela nada, hay que seguir adelante.

En cuanto a la situación de los adultos mayores, don Heriberto afirma que al tener en muchas ocasiones enfermedades crónicas, se vuelven una carga para las familias y los dejan de apoyar, de querer y apapachar. No son los más inteligentes pero si la acumulación de vida, les permite saber todo tipo de situaciones, él explica: “Ningún adulto que me digas es inteligente, sólo que hemos dado vida y acumulado experiencia”.

“Les quiero enseñar ésta técnica para que ellos aprendan y tengan un incentivo para que sea parte de su vida, con ello que no causen problemas a la familia. Lamentablemente los viejitos, no estoy diciendo que una mayoría pero sí ya llegan con enfermedades crónicas, necesitan cuidarlos y las personas cercanas a ellos en muchos casos no tiene ese amorcito para cuidar a los viejitos y los maltratan”, lamenta.

Don Heriberto con uno de los cuadros en sus manos, en espera de lograr la venta, reparte los dividendos entre los que estén en su taller y plantea que esto es amor fraterno porque confía en que será importante lo que aprendan los adultos para así beneficiarse y ganarse unos centavos.

“Yo les doy, si les alcanza, apréndanlo, háganlo y repartan. Si esto lo hacen, está bien estructurado, esto va ser una cosa importante para los viejitos, porque van a venir en algún momento, van hacer sus figuritas, se van a vender y sin necesidad de pedir permiso”, augura esperanzado.