#NuestrasHistorias Muñecas en la búsqueda del mercado internacional

Verónica inició por hobbie; actualmente es su negocio familiar

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Muñecas de diferentes figuras, cobijas y sonajas son algunos de los productos que vende la artesana (MARIO VALDES. EL UNIVERSAL)
Nuestras Historias 02/01/2018 03:01 Domingo Valdez Actualizada 07:48

Las muñecas de Verónica Ayala, tejidas con hilo de algodón, ya son famosas y han trascendido a las fronteras de México, pues algunas se han venido en Italia y Estados Unidos. El trabajo bordado de Verónica no se limita a las muñecas, pues también elabora zapatos y cobijas, una de las cuales sirvió, le dijeron, para proteger de las bajas temperaturas en Alaska a una familia.

“Empecé esto por hobbie hace tres años, mientras esperaba a mis hijos de su clase de natación. Me puse a tejer y de ahí salió hacer una muñequita, para un amiga. De ahí empezaron a pedirme y pedirme. Comencé a hacer diferentes muñequitos, superhéroes, de juegos de video”, indica.

Apunta que su labor la comenzó de manera empírica, pues nadie, en un inicio, le enseñó cómo hacer las muñecas. Cuando se enteraba de un curso acudía para enriquecer sus conocimientos, así como buscar en libros, pero estos últimos están escritos en japonés en su mayoría.

“Cuánto me tardo, depende del muñequito. Hay muñequitos que son muy fáciles. Ya vendo un Hulk, ese se hace en tres días. Otra muñequita que lleva muchos detalles, dos semanas, aproximadamente. Están hechos con hilo de algodón, para que los bebés los puedan morder y no suelte pelusa y se vayan a ahogar”, precisa.

Verónica dedica casi todo su tiempo a la elaboración de las muñecas, pues su jornada puede comenzar a las 10:00 horas y terminar a las 18:00. Su método de trabajo es sencillo: un día hace diferentes tipos de pies y zapatos. Al siguiente día hace piernas y brazos, continuando así por varios días y piezas del cuerpo de sus creaciones, hasta que las concluye, para armarlos posteriormente, ya con los detalles de cada muñeca.

Explica que a través de las redes sociales le han surgido oportunidades para presentarse en convenciones y ferias alternativas, además del Mercadito La Tuna, en el Centro Cultural Manuel Gómez Morín, los sábados, así como los domingos, en Jurica.

“No me quedo en un lugar. Me salió la propuesta de proveer una tienda y le dije que sí, pero no he podido, porque muñeca que hago, muñeca que se me va, que se me vende”, comenta, al tiempo que indica que en la semana surte tres pedidos.

En esta época, dice, hay más trabajo, pues tiene, para el 6 de enero, un pedido de 10 muñequitos, además de que sus creaciones se venden más en este mes. Indica que las figuras y los personajes también dependen de las modas, pues en estos días que hay películas de superhéroes, los protagonistas son los más buscados.

“Ahorita con lo del temblor (en la Ciudad de México) que se hizo famosa la perra Frida, ya tengo mis pedidos de Frida, depende mucho de lo que esté de moda o sea actual”, asevera. Los precios de los productos de Verónica son accesibles, pues van de los 55 pesos, una sonaja, hasta 500 pesos una muñeca de 40 centímetros.

Variedad

La oferta no se limita a muñecas, pues todo lo que sea tejido lo puede hacer, como zapatos para bebés, aunque también ha surtido pedidos para adultos, que quieren zapatos tejidos para dormir con los pies calientes.

Parte esencial para su labor es el apoyo de sus hijos, quienes se encargan de varias actividades que Verónica realizaba antes, como parte de su rutina diaria; la felicitan por su creatividad y el grado de detalles que logra con su trabajo.

Su meta es vender sus productos en Estados Unidos, “llegar al mercado internacional, porque en México, desgraciadamente, la artesanía no es valorada. Ven que son artesanías y regatean el precio, pero no ven el tiempo, el esfuerzo y la dedicación que le tienes que echar, así como la creatividad. En cambio, vas con los gringos y te lo aprecian. De hecho mis muñecas ahorita se han ido a Italia. Un señor se llevó un gran pedido a Italia, otro se fue a Perú, y otro se fue a Alaska.

De Alaska me sorprendió. Fue una cobijita de bebé. Me dijeron que querían un material caliente, ya cuando me dijo el cliente que iba a Alaska, comprendí porque pedía lo más caliente que se pueda. Luego me mandan fotos de las personas que las tienen y están felices, porque les gusto el trabajo. Ese es mi objetivo: llegar al mercado internacional”, puntualiza.

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