Vino de Zacatecas en busca de trabajo y terminó como esclava sexual en CDMX

Zacatecana de 20 años llegó a la Ciudad con su hija de dos años, a quien los proxenetas le arrebataron
Vino de Zacatecas en busca de trabajo y terminó como esclava sexual en CDMX
Foto: Archivo. El Universal
15/10/2019
02:02
David Fuentes
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Una mujer de 20 años, quien llegó de Zacatecas a la Ciudad en busca de trabajo, terminó como esclava sexual. La víctima, después de casi 15 días de ser obligada a prostituirse en calles de la alcaldía Cuauhtémoc y de que la ofertaran en distintas páginas de internet, acabó exhausta, se desmayó y sus captores la abandonaron en un hospital, ahí fue donde narró a las autoridades de investigación lo sucedido.

Reveló que fue enganchada a través de Facebook, por una supuesta compañía que le ofreció vender artículos de belleza y bisutería. No le pidieron dinero ni nada a cambio por el producto, sólo le dijeron que debía venir a recoger el producto aquí, a unas oficinas ubicadas en la alcaldía Miguel Hidalgo; ella llegó con su hija de dos años en brazos y ahí la capturaron.

En la carpeta de investigación que se inició por el delito de privación ilegal de la libertad, se lee que a la mujer en un principio la drogaron y así abusaron de ella; al recobrar el conocimiento le dijeron que sería forzada a trabajos sexuales, se negó, por lo que la golpearon y le recordaron que ellos tenían a su hija de dos años en su poder, así fue como la amagaron.

La víctima reveló que los proxenetas le pagaron los boletos de autobús, por lo que pensó que se trataba de una empresa seria. Detalló que las oficinas a las que llegó estaban en un edifico cerca de la avenida Reforma, de ahí le dijeron que tenían que ir por el producto a unas bodegas, ella sólo recuerda que estaba cerca de las oficinas centrales de la alcaldía Cuauhtémoc.

El lugar, narró, era una suerte de vecindad, donde después de ofrecerle agua y despertar empezó su martirio. Detalló que gritó y peleó con sus captores, pero nadie la ayudó; así, drogada e inconsciente, la mantuvieron por varias horas, luego, recordó, atendió a más de 10 clientes en un día y el número creció conforme la dejaban salir a las calles, siempre vigilada y resguardada por otras mujeres que la llevaban a un motel de Buenavista, donde la prostituían. Durante ese tiempo no comió ni vio a su hija.

Sus captores la dejaron a su suerte en el Hospital Gregorio Salas, donde reveló lo sucedido a una trabajadora social y fue entonces que se solicitó la intervención de las autoridades de investigación.

 

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