Culiacán, Sin.— En dos días que han pasado sin Rubén Rocha Moya al frente de la gubernatura, los sinaloenses siguen en la incertidumbre sobre el rumbo que tomará la entidad.
Calles semivacías, retenes militares y policiacos de día y noche, negocios cerrados y la violencia que no para siguen siendo el panorama, al menos en Culiacán.
Mientras Yeraldine Bonilla Valverde, tomaba protesta el viernes como gobernadora interina, el conductor de un vehículo tipo sedán fue acribillado de nueve balazos en la zona del Pedregal del Humaya, a seis kilómetros de la sede del Congreso del estado, dominado por Morena y sus aliados del PVEM y PT.
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Ya cuando se encontraba despachando en el Palacio de Gobierno, se registró un muerto más por ataque directo frente al Súper Ley, un centro comercial sobre el Boulevard Lola Beltrán.
En su primer discurso como mandataria estatal, Bonilla Valverde calificó de “falsas” y “dolosas” las acusaciones de narcotráfico contra Rocha Moya, su mentor, quien alguna vez le dijo que fue “meserita de una lonchería” antes de llegar a ser diputada local de Morena, seleccionada mediante tómbola: “Gobernador, le expreso mi solidaridad. Confiamos en la inocencia del gobernador, el doctor Rubén Rocha Moya”, dijo al salir del recinto.
Desde el viernes por la noche, Rocha Moya desapareció de la escena pública de Sinaloa, y según los culichis se refugia en su domicilio del fraccionamiento Musalá Isla Bonita, una de las zonas residenciales de mayor plusvalía de la capital sinaloense, en compañía de sus escoltas.
“Culiacán quiere vivir en paz”, señala un espectacular ubicado a unas calles de la entrada de dicho conjunto habitacional, como para recordarle al morenista la principal petición de los sinaloenses en estos tiempos de inseguridad y violencia por la división entre las dos principales facciones del Cártel de Sinaloa.
En bares y restaurantes, algunos culichis celebraron la separación temporal del cargo de Rocha Moya, a quien señalan ya como el principal responsable de la situación que afecta a Sinaloa.
Una de ellas fue Cecilia, quien se enteró de la solicitud de licencia de Rocha Moya mientras atendía a los clientes en un restaurante de comida japonesa. “Le sale más barato entregarse. Aquí estamos hartos de que no pasa nada”, soltó mientras veía el mensaje que el morenista subió en redes sociales para anunciar su licencia temporal.
Ricardo, un joven que lleva dos meses vendiendo fruta en una de las avenidas más importantes de Culiacán, asegura que la mayoría de los sinaloenses no quieren al morenista. “La mayoría de la gente no lo quiere. Somos muchos. Los mismos soldados dicen que ellos ya hubieran acabado con [los criminales], pero señalan que esto no ocurre por Rocha Moya y sus cercanos colaboradores”.
Un comerciante del centro, que no quiso entrevista por temor a represalias de Los Chapitos o La Mayiza, reitera que la situación comercial y económica en la capital empeora cada vez más. “Todos los días son difíciles, por los cierres de negocios. No sabemos en qué iremos a parar”, lamenta.
Tomás Rodríguez, quien lleva 50 años de bolero en el centro de Culiacán, dijo que Rocha Moya dejó el cargo para someterse a las investigaciones que lo señalan como presunto colaborador de la facción de Los Chapitos del Cártel de Sinaloa. “Yo creo que allá en la Procuraduría General de la República lo van a defender y por eso renunció, así que tiene que rendirle cuentas a la procuraduría, al gobierno y al pueblo. Y ahora, como el Poder Judicial, Legislativo, va a estar a disposición de la Presidenta”.
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Considera que la situación en Sinaloa es difícil, la inseguridad y no se va acabar la violencia.