Niños jornaleros: 20 pesos diarios y apenas van a clases

Apenas puedan cortar un fruto, los menores son llevados al campo; la escuela queda en segundo plano GUARDAR
Niños jornaleros: 20 pesos diarios y apenas van a clases
De los cerca de 400 niños jornaleros que se concentran en los campos de Coahuayana en temporada alta, sólo la mitad acude a clases tres horas al día, con maestros que no hablan su misma lengua. CARLOS ARRIETA
01/05/2019
06:18
Carlos Arrieta / Corresponsal
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Coahuayana, Michoacán

Por unas cuantas monedas, niños mixtecos de seis años en adelante trabajan de sol a sol en los campos del municipio de Coahuayana, Michoacán. Salen de su casa a las cinco de la mañana y regresan a las siete de la noche a cambio de 20 pesos diarios.

Estudian en sus ratos libres, sólo así es permitido por sus padres; enfrentan desnutrición y descuido. Así, en medio de esa esclavitud moderna, es como llegó el Día del Niño para estos hijos de jornaleros.

Un peso con 60 centavos por hora cuesta la mano de obra de estos menores que se pierden entre los interminables surcos de chile o jitomate. Ello representa 5.7% de lo que gana un adulto, que recibe 350 pesos por jornada. Los niños son trabajadores que no comen mucho, no se quejan y no requieren prestaciones de ley.

A la falta de atención de las autoridades estatales y federales, se suma la de sus padres, que priorizan el trabajo al estudio en la vida de sus hijos. De los cerca de 400 niños jornaleros que se concentran en los campos de Coahuayana en temporada alta, sólo la mitad acude a clases tres horas al día, con maestros muy jóvenes que no hablan su misma lengua.

ninos_j.jpg Niños llegan cansados a la escuela porque primero trabajan en el campo.

“A los padres sólo les interesa el dinero”

Sucios, descuidados, carentes de afecto, así es como la maestra María Teresa Mendoza Orosco, de apenas 18 años, recibe a sus alumnos de preescolar. Ella está al frente de un grupo de niños de tres a cinco años.

La docente del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) señala que a estos niños les hace falta el amor de sus papás y mucha atención. Con firmeza, menciona que como mentores se esfuerzan en ser cariñosos con todos sus alumnos y para apoyarlos en todo lo que esté en sus manos.

Principalmente “para que vean que tienen un apoyo”, afirma Teresa Mendoza, mientras arranca algunas sonrisas a los pequeños con unas improvisadas selfies.

“[Los papás] siempre se la pasan trabajando y no les hacen caso, falta, por ejemplo, que se encarguen de ellos, de su limpieza. No se bañan, no se limpian”, cuenta.

Por su parte, la directora del Centro de Migrantes Jornaleros de Coahuayana, Baudelia Gabino Arceo, confirma que mientras los niños crezcan, tengan entre seis y siete años, y puedan cortar cualquier fruta, los papás se los llevan a las labores del campo.

“Aquí al jornalero lo que le interesa es el dinero. Ellos vienen aquí a llevarse el dinero, a ellos no les interesa si el niño sabe, si comió, si fue a la escuela. No, para ellos importa el dinero”, asegura.

Erick Emanuel Saavedra Maldonado está al frente de un grupo de primaria y señala que aunque la educación es gratuita, los padres se niegan a que sus hijos acudan a clases.

jor.jpg Los niños jornaleros padecen desnutrición por el descuido no sólo de sus padres, quienes los llevan a trabajar, sino también de las autoridades que permiten el trabajo infantil 

“Quieren simplemente que estén trabajando, pero llegué a un acuerdo con los papás y aunque sea darles tres horas de clases en la tarde para que ellos aprendan algo”. Esas tres horas se reducen a la mitad del tiempo, debido a las largas jornadas a las que son sometidos los niños en las plantaciones de chile y tomate.

“Llegan cansados. La mayoría directo a ayudarles a sus mamás. A veces quieren descansar y los tenemos que esperar porque los entendemos; vienen de trabajar todo el día y quieren descansar y luego seguir estudiando y es un poco complicado”, explica.

El docente recuerda el día en que uno de sus alumnos le dijo que no quería estudiar porque estaba muy cansado y le platicó lo que ganaba en una jornada: “Si para uno es pesado el trabajo en el campo, más para un niño, el estar cargando cubetas pesadas y agarrando químicos, pues son muy dañinos para ellos ya que su piel es muy delicada. Eso fue lo que más me marcó”, relata.

“En vez de que el papá diga: ‘Está bien, que trabaje un medio tiempo y que vaya a estudiar’, pero no, ellos están con una mentalidad desde chiquitos de que nacieron para trabajar y tienen que hacerlo”, lamenta Erick.

El profesor Daniel Fajardo Pineda trabaja en el campamento de San Vicente, en donde viven 25 niños de entre seis y 13 años.

Los menores reciben alimentos y toman clases en un nivel multigrado, debido a que la mayoría de ellos no sabe leer ni escribir. Provienen de Chiapas y Guerrero y sólo pasan ahí una temporada al año.

ninosj.jpg El Centro de Migrantes Jornaleros Coahuayana atiende a 80 niños y les brida educación.

 

Para el maestro se trata de un asunto cultural, ya que están acostumbrados a trabajar desde los cuatro y tres años de edad. Con tal de que aprendan, platica, hay maestros que los siguen hasta el campo para enseñarles.

El idioma es para los maestros una de las principales barreras para enseñar a los pequeños jornaleros. Al no poder comunicarse con precisión con sus alumnos, limitan sus actividades para que las instrucciones sean fáciles de comprender.

“Tenemos que enseñarnos a hablar el mixteco porque si no cómo vamos a estar trabajando con ellos”, advierte la maestra María Teresa Mendoza Orosco.

El mixteco no es una lengua propia de Michoacán, en donde algunas comunidades hablan el purépecha y unos cuantos náhuatl.

Los niños más grandes son los que se encargan de traducir las indicaciones a los más pequeños cuando sus horarios coinciden.

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